Reflexión Dominical | 14 de agosto de 2016

12 de agosto de 20160 COMENTARIOS AQUÍ

 (Lucas 12, 49-53)

He venido a prender fuego en el mundo. Son palabras duras en labios de Jesús, pero, son la exactitud de lo que causa el seguirlo a Él con decisión. Una persona que decide ser excelente discípulo de Cristo, es alguien que empieza a pasar pruebas, luchas e incomprensiones; es una persona que se abre paso hacia el sufrimiento.

La división es algo extraño en las palabras de Jesús, pero, es cierto cuando se constata la vida de los cristianos en el mundo: perseguidos, calumniados, criticados, odiados, martirizados. ¿Por qué? La respuesta está en el Evangelio mismo: porque se cristiano implica vivir como cristiano y como el mundo nos ofrece vivir y esto causa molestias, malestar y fastidio. Es el precio de buscar la verdadera felicidad: Cristo Jesús.

¿Tiene solución esta división? Es compleja. Sólo cuando el hombre entienda que el camino que conduce a la verdadera alegría tiene un nombre propio, habrá comprensión clarísima de la fe cristiana; ese camino se llama Jesucristo.

La familia es muy importante; un cristiano tiene la obligación de ser allí signo de unidad y no de división por su mal ejemplo. Su testimonio tiene que ser la motivación para que sus padres, hermanos, y todos, busquen al Señor, se enamoren del Él y se queden con Él. Si el cristiano causa división por su mal ejemplo de vida, entre los suyos, no ha entendido el Evangelio y no es un buen discípulo del Señor; tiene que cambiar; no se ha convertido.
                  
P. Rodrigo Gallego Trujillo

Rector del Seminario Mayor de Buga
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