Reflexión Dominical | 4 de septiembre de 2016

31 de agosto de 20160 COMENTARIOS AQUÍ

(Lucas 14, 25-83)

La prudencia puede resumir la meditación sobre el Evangelio de este domingo; no siempre somos prudentes porque creemos que todo lo podemos resolver de la mejor manera según nuestras propias capacidades y conforme a nuestros gustos. La vida así no funcionaría bien. Ser prudente equivale a decir lo que se debe, hacer lo que corresponde, callar lo que no se puede comunicar y evitar siempre el mal. Una persona prudente sabe dejarse guiar por la fuerza superior del Espíritu Santo quien inspira palabras, actos y decisiones.

Lo que se opone a prudencia es la imprudencia (incluso la terquedad) y esto ocasiona muchos males a las personas; un imprudente puede generar daños irreparable a los demás; se es imprudente cuando domina en nosotros el egoísmo y las preferencias propias.

Además, el Evangelio nos está invitando a llevar la propia cruz como el requisito fundamental para ser un buen discípulo de Cristo. No es cargar un peso con amargura; la cruz de cada día corresponde a llevar la vida misma, renunciar a todo lo que nos aparta de Dios y de los hermanos, vivir con seriedad cada jornada y en ella responder por lo que nos corresponde. Lo contrario sería no hacer la misión confiada y ello sí que se vuelve una cruz para otros.  

Todo lo anterior se puede resumir como la capacidad de ser sabios según Dios; Dios hace sabio al hombre cuando éste se deja guiar por su Espíritu Santo: esa persona se vuelve prudente y sabe vivir la vida con gusto y alegría.
                  

P. Rodrigo Gallego Trujillo
Rector del Seminario Mayor de Buga
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