Reflexión Dominical | 25 de septiembre de 2016

23 de septiembre de 20160 COMENTARIOS AQUÍ

(Lucas 16, 19-31)
La injusticia es raíz de muchos males. La injusticia provocada por un cristiano es un escándalo que clama al cielo. Jamás un bautizado puede caer en la injusticia. Y se es injusto cuando no se paga lo debido, cuando no se dice la verdad, cuando somos egoístas, cuando robamos, cuando somos infieles a la Iglesia, a la familia, al prójimo; somos injustos cuando preferimos acallar la conciencia de los demás con la falsedad; somos injustos cuando incumplimos nuestros compromisos; en fin, la injusticia no puede anidar en nuestras vidas porque seríamos malos discípulos de Dios, quien nunca es injusto, siempre permanece fiel a todos.

Si la justicia en un sentido general, es la virtud por la cual una persona dirige sus acciones hacia el bien común, entonces, esto indica que yo como cristiano jamás puedo dejarme tentar por el mal o por las ofertas que éste hace. El bien debe ser la regla que oriente mis pasos, mis elecciones, mi trabajo, toda mi vida.

La indiferencia ante las necesidades de los demás es injusticia; en otras palabras, es ser inmisericorde, es ser malvado. Los sufrimientos de mi hermano me deben mover a compasión y ser solidario. Si rehúso ser misericordioso con los necesitados, estoy renunciando a ser cristiano.

Que el Señor no nos tenga que juzgar por ser injustos e indiferentes frente a los demás. Más bien que el Señor nos juzgue por haber practicado siempre el bien y obrado el amor hasta el final.

P. Rodrigo Gallego Trujillo

Rector del Seminario Mayor de Buga
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