Reflexión Dominical | 30 de octubre de 2016

26 de octubre de 20160 COMENTARIOS AQUÍ

(Lucas 19, 1-10)
Zaqueo quiere ver a Jesús; tal vez por curiosidad o una simple simpatía por todo lo que del Señor había escuchado. Lo importante es que busca los medios para lograrlo: se sube a un árbol para verlo pasar. En la vida muchas veces hemos hecho cosas sacrificadas para alcanzar logros grandes; hemos hecho cosas hasta admirables para poder conquistar un triunfo. Eso está bien… Pero, cuánto mejor es esforzarse por alcanzar el amor de Dios en nuestro corazón y que se quede viviendo allí para siempre.

Zaqueo era un pecador; estaba “subido en el árbol de su orgullo” y Jesús lo invitó a bajar, lo hizo “aterrizar” para que se diera cuenta que su camino lo llevaba a la perdición.

Zaqueo comprende que ha faltado gravemente y por ello quiere restituir a quienes ha defraudado. Este es un deber de justicia que todo discípulo ―y persona de buena voluntad― debe practicar: devolver lo prestado, pagar las deudas, restituir cuando hemos causado daño, ser leales a la verdad, etc.

Zaqueo recibió a Jesús en su casa; Jesús quiso entrar en ésta y cenar con él. Zaqueo recibió a Jesús, recibió la Vida, recibió la resurrección. Dicho de otro modo, cuando Jesús llega a la vida de una persona, toma posesión de ésta y la transforma totalmente volviéndola luminosa.

Nosotros en la vida tenemos muchas posibilidades de dejar que el Señor entre y se quede, pero, cuántas veces también cerramos puertas y ventanas y preferimos quedarnos sin luz y sin aire… Esa es la muerte y Dios no nos creó para ser amargados o unos muertos que respiran. Nos creó para amar y para vivir siempre en la luz.

Zaqueo tiene curiosidad de ver a Jesús; pero, ésta se convirtió en gozo y alegría. ¿Nosotros cómo nos acercamos al Señor?: con curiosidad o porque es mi Salvador y Dios. Cuántos se acercan a Él porque se trata de alguien que me puede “dar muchas cosas”; a Él nos acercamos porque es fuente de salvación y el único capaz de transformar totalmente la vida.

El Señor “nos hace bajar del árbol de nuestro orgullo y soberbia; mentira y falsedad”. Él quiere venir a todos para hacernos personas nuevas.

P. Rodrigo Gallego Trujillo
Rector del Seminario Mayor de Buga
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