REFLEXIÓN DOMINICAL| 9 DE OCTUBRE DE 2016

6 de octubre de 20160 COMENTARIOS AQUÍ

(Lucas 17, 11-19)
Da pena que el Señor nos tenga que reprochar la ingratitud; la ingratitud es lo más opuesto a la caridad cristiana. Ser desagradecido indica que hay un corazón egoísta e interesado.

El Evangelio de este domingo nos muestra la bondad eterna del Señor quien sana a diez leprosos… les da la dicha de volver a experimentar el don grandioso de la salud; sin embargo, solamente uno se percata de la necesidad de alabar al Señor y, regresa para dar gracias.

Cuántas veces nosotros somos así con el Señor; cuántas veces le pedimos cosas, le suplicamos, le ofrecemos sacrificios para alcanzar algún don especial y… alcanzado este don, nos olvidamos de Él o, incluso, pensamos que es su deber. Dios no es un “cajero” que dispensa lo que necesito; Dios no es un medicamento que tomo cuando lo requiero. Dios lo es todo, Él se merece lo mejor de nuestra parte; dicho de otro modo: la vida de la persona tiene que ser una constante acción de gracias al Buen Dios porque todo lo que somos y tenemos lo recibimos de Él.

Quien no agradece es el arrogante que puede llegar a creerse el centro de todo; es aquél que siente que es el principio de todo, que antes y después de él nada importa; ese es el típico desagradecido.

Alabemos a Dios por todo, por su amor, por su bondad y por su Providencia.

P. Rodrigo Gallego Trujillo
Rector del Seminario Mayor de Buga
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