Reflexión Dominical | 4 de diciembre de 2016

30 de noviembre de 20160 COMENTARIOS AQUÍ

(Mateo 3, 1-12)
Celebramos el segundo domingo de Adviento. El Evangelio nos pone varios elementos muy claros de la vida del cristiano: primero, sencillez de vida que nos lo indica el estilo que practicaba Juan Bautista; sencillez que se debe entender como un rechazo al consumismo que nos está devorando en esta sociedad que ofrece de todo; sencillez que se traduce en aprender a aprovechar de modo responsable y honesto los recursos que están a nuestra disposición; sencillez que indica aprender a poner el corazón en los bienes del cielo.

Segundo, el Evangelio nos advierte que no sólo por creer ya cumplimos lo que Dios dispone. Es necesario vivir lo que se cree y creer lo que se vive; no es posible que un buen cristiano sea tal si vive de otro modo; a cuántos “se les llena la boca” diciendo que son cristianos o se convirtieron “ahora sí al Señor”, pero viven con resentimientos, odios, rencores, mirando con desprecio a los demás; no puede ser buen cristiano quien es infiel a su fe.

Tercero, hay una exigencia sobre la vida que nos tiene que alejar de la mediocridad en todo sentido, pero, especialmente la mediocridad en la vida espiritual. La tibieza de la oración nos aleja de Dios; la poca vida espiritual nos hace vivir en función de los placeres y del egoísmo; la poca vida espiritual nos ciega frente a las necesidades de los hermanos. En diciembre cuánto viven para el licor, las borracheras, el desenfreno y etc. El cristiano tiene que vivir para Dios, definitivamente. 
P. Rodrigo Gallego Trujillo

Rector del Seminario Mayor de Buga
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