Reflexión Dominical | 26 de marzo de 2017

23 de marzo de 20170 COMENTARIOS AQUÍ

(Juan 9,1-41)
No fijarnos en apariencias. Gran sentencia que nos presenta la primera lectura de este domingo. Y es que las apariencias nos hacen ciegos ante la verdad y ante lo que realmente es y vale de veras delante del Señor.

El ciego de nacimiento nos plantea una gran respuesta a nuestras preguntas frente a las búsquedas profundas que hacemos en nuestra vida. La verdad es que tantas veces somos ciegos porque nos encargamos en apagar la luz del Espíritu Santo invitando a nuestra vida al pecado y le damos nuestra casa para que la posea y sea amo y señor.

Sólo puede ver bien quien tiene la mirada limpia y el corazón purificado de la maldad del pecado; no puede ver bien quien se amaña en el pecado.

Jesús viene a ser la luz del mundo; Él mismo lo afirma “Yo soy la luz” (Juan 8, 12). Así, por qué los cristianos no siempre somos luz del mundo. Si hay una lámpara es para que alumbre; si hay un cristiano es para que dé testimonio de lo que Dios ha hecho con él gracias a la presencia del Espíritu Santo.

La Cuaresma es un tiempo único y especial para “hacernos quitar la ceguera” que produce el pecado; es tiempo para dejar de ser miopes y convertirnos en personas de una visión tan aguda que en todo veamos a Dios y busquemos agradarle de la mejor manera.

Creamos firmemente que el Señor tiene el poder de devolvernos la visión para contemplar sus maravillas.

P. Rodrigo Gallego Trujillo

Rector del Seminario Mayor “Los Doce Apóstoles” de Buga
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