Reflexión Dominical | 14 mayo de 2017

12 de mayo de 20170 COMENTARIOS AQUÍ

Domingo V de Pascua
(Juan 14, 1-12)
Jesús es el camino, la verdad y la vida; Él nos muestra al Padre del Cielo. Aquí hay dos grandes certezas para nuestra vida espiritual y para el crecimiento de nuestra fe: que no debemos angustiarnos por un inventar un camino para recorrer la vida; y que, conociendo a Cristo conocemos y nos acercamos a nuestro Padre Santo. Y eso es verdad; el que ama a Jesús recorre el camino que lo lleva al Padre y esto nos debe llenar de júbilo, pues estamos conociendo el corazón mismo de la Santísima Trinidad.

Además, Jesús nos plantea a un realidad de nuestra fe: creer en Él nos permitirá hacer obras grandes, incluso mayores; esto indica que la fuerza de la fe es un don que viene de Dios y se manifiesta en la vida de cada persona, a favor de toda la Iglesia , más aún, de toda la humanidad. ¿Cuáles obras? Las obras de Dios: justicia, caridad, bondad, donación de la vida, compartir sin esperar recompensa, oración sin límite por el bien de todos.

El Evangelio empieza invitándonos a no dejar que nuestro corazón se turbe; en otras palabras, es un llamado claro a vivir en la serenidad del Señor que siempre nos da ejemplo de calma, sencillez y paz. Sólo vive perturbado aquel que no ha dejado el principal espacio de su vida para el Buen Dios.

Que este tiempo de Pascua que estamos viviendo nos llene de profunda serenidad y nos haga vivir la paz que nos trae el Espíritu Santo para nuestra vida interior que se ha de reflejar en nuestra relación con todos.

P. Rodrigo Gallego Trujillo

Rector del Seminario Mayor “Los Doce Apóstoles” de Buga
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