Reflexión Dominical | 11 de febrero de 2018

10 de febrero de 20180 COMENTARIOS AQUÍ


Los sanó a todos
 (Marcos 1, 40-45)
Jesús extiende su mano para sanar. Hay una bella impresión en los Evangelios de los últimos dos domingos: Jesús quiere sanar el corazón del hombre que sufre como consecuencia del pecado. Él quiere, insistimos, que todos nos salvemos y la salvación consiste en recibir la vida del Señor y cortar radicalmente con el poder del pecado que engendra muerte, tristeza, desolación y maldad.

El leproso representa a la humanidad herida por el pecado original; es cada uno de nosotros que siempre necesita de la mano del Señor que, posándose sobre cada persona, es sanada con amor por Dios mismo. Jesús no es un milagrero… Él no hace un espectáculo con las curaciones; nada de eso; Él sana y cura porque su intención es hacer que en todo ser humano viva y resplandezca lo que el mismo Creador quiso cuando formó al hombre a su imagen y semejanza.

No busquemos al Señor por los milagros que nos pueda hacer o por lo que yo quisiera que me realizara; no, a Dios se le busca porque es Dios y porque, desde mucho tiempo antes, ya nos está esperando con paciente y misericordioso amor.

El Señor es poderoso y para Él todo es posible, pero, que nuestra relación con Él no dependa de si me hace o no éste o aquél milagro.

A Dios se le ama sobre todas las cosas porque nos ha amado desde antes de la creación de la mundo; para Él todos somos importantes y nadie puede sentirse excluido de su misericordia.  

¡Tú eres mi refugio, me rodeas de cantos de liberación!

P. Rodrigo Gallego Trujillo
Rector del Seminario Mayor “Los Doce Apóstoles” de Buga

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