Reflexión Dominical | 20 de enero de 2019

19 de enero de 20190 COMENTARIOS AQUÍ


(Juan 2, 1-11)
Hemos iniciado el tiempo ordinario del año litúrgico y con éste, un camino que nos ayuda a comprender el valor fundamental de la fe entendida como un camino que nos lleva a amar más al Señor y a cumplir su Palabra de todo corazón.

Hoy leemos la bella página de las bodas en Caná de Galilea, un bello texto que nos muestra el valor fundamental de la presencia de la Santísima Virgen María en la vida de los creyentes; ella es poderosa intercesora y nos ayuda a comprender que la mejor forma de vivir es “hacer lo que nos dice Dios” en su Palabra, en sus mandamientos, en el prójimo, etc.

Cuando falta el vino de la alegría, falta todo; cuando falta el vino de la esperanza, falta la fuerza del servicio; cuando falta del vino de la fe, la vida entera se vuelve un camino de tinieblas que oscurece la mente y nos aleja de la dicha. Por eso, la Virgen Madre intercede para que haya un vino nuevo en la boda, para ese vino conserve la presencia de Dios.

Nunca nos olvidemos de la Virgen Madre; no puede existir un camino de alegría cristiana si no está presente la Madre… no hay hijo sin madre.

Con gozo leamos el Evangelio de este día y aprendamos a ser humildes y a suplicar a Dios para que nos conceda el vino siempre nuevo de la vida santa.

¡Todos los pueblos han contemplado tu gloria, Señor!

P. Rodrigo Gallego Trujillo
Párroco de la Catedral San Pedro de Buga

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