Reflexión Dominical | 5 de mayo de 2019

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Sígueme  Domingo 3 de Pascua
(Juan 21, 1-19)
La pesca milagrosa que nos narra el Evangelio de este domingo nos hace pensar en la grandeza de la Iglesia. Jesús pone en el centro de la escena a Pedro, primero de los Apóstoles y cabeza de la Iglesia. Pedro se lanza al agua como señal de comprensión de la misión que el Señor le ha confiado: servir. Pedro, a su vez, le corresponde respondiéndole que lo quiere, que Él lo sabe todo, que está dispuesto, en medio de su limitación, a dar todo para que el Evangelio del Reino de Dios llegue hasta los confines del mundo.

Vale la pena pensar en dos signos: la barca y los peces; una barca que sirve para navegar; así es la misión misma de la Iglesia que tiene la tarea seria de ayudarnos a caminar hacia el cielo.

El Evangelio nos dice que cogieron 153 peces; con ello se indica un gran número que puede hacernos pensar que en la vida de la Iglesia hay espacio para todos, pues, la Iglesia tiene la tarea de ser sacramento universal de salvación, es decir, indicarnos el camino que nos lleva a la plena comunión con el Señor, al servicio auténtico y a la búsqueda permanente de la santificación.

El mensaje es claro y bello: en la Iglesia todos tenemos un puesto y una misión, un amor que nos salva y una caridad que nos une a todos.

¡Te ensalzaré, Señor, porque me has librado!

P. Rodrigo Gallego Trujillo
Párroco de la Catedral de Buga

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