A Coronell lo ascendieron a General

10 de junio de 20190 COMENTARIOS AQUÍ


Todos los domingos esperaba ansioso la madrugada, para tener el gusto de leer la columna de Daniel Coronell. También leía a María Jimena Duzán, Antonio Caballero y Daniel Samper Ospina. Siempre  montaban la revista  a media noche del día domingo, amanecer lunes y su lectura era gratis. Hace un año suspendieron la gratuidad de la lectura  y para acceder a sus contenidos hay que suscribirse, algo que hice inmediatamente. La suscripción la realice para tener la oportunidad de leer a Daniel Coronell. Su independencia nos cautivó, el rigor periodístico de sus investigaciones  y sus denuncias nos inspiraban credibilidad. Entre más incomodaba Daniel Coronell a los altos poderes corruptos y a los intocables, mas receptividad lograba y entre más trataban de desvirtuar tapar u obstruir sus investigaciones sobre casos sensibles en el país, más credibilidad nos merecía. Sus columnas era una especie de sanción social tan merecida pero escasa por estos lares. Condenar socialmente la corrupción es la obligación de todo periodista y como expresa Juan Gossain: “el único Jefe de un periodista es la sociedad”. Su criterio no puede estar empeñado.

La obligaba lectura de la columna de Coronell los domingos, la hago hace más de 10 años y hoy nos privaron de ese gusto, ya no  tendremos más a Daniel Coronell en Semana. No soportaron su disidencia, su independencia crítica y su pedido de una " explicación pendiente". La libertad de expresión no consiste en acoger y asociarse para elogiarse mutuamente, la libertad de expresión consiste en soportar cuando nos cuestionan, para posteriormente hacernos una autocritica y corregir lo que nos incomoda y nos molesta, pero aquí contrario a lo anterior se defiende y se justifica el error hasta los límites de la locura. El gobierno actual es el mejor ejemplo de esto.

En este caso específico – el despido de Daniel - pudo más la soberbia de los propietarios de la revista Semana que la ecuanimidad, la sensatez y el sentido común. No soportaron su pedido. El poder es soberbio y arrogante, pero también causa padecimientos naturales y eso lo vive Semana con este triste episodio.  Ese mismo poder hoy nos priva a sus asiduos lectores, el gusto de leerla. Es una bofetada la que nos dan a sus leales lectores. Es un duro golpe para los que seguimos su columna religiosamente e igualmente es un duro golpe, para la credibilidad de la Revista. Pero pierde más Semana que Coronell, porque a nosotros nos lo ascendieron a General. Con todo esto, quedo en evidencia el contubernio entre el poder político y el periodismo, algo muy tradicional en Colombia. Algo turbio se cocina ahí.

Como será el estupor que causo el terremoto, que Daniel Samper Ospina que siempre escribe con humor, esta vez se puso serio y escribió una columna de protesta, al medio en el cual trabaja. Pensé, que con su columna podría pasar lo mismo, pero también me imagine, que la hizo con la seguridad que a dos seguidos no decapitarían. Estaba tan bien escrita la columna de Daniel Samper Ospina que pensé que papa Daniel la había escrito, pero no: es de su propio caletre, es de su autoría.

Con lo que no contaban aquellos que pretendieron callar a Coronell, con su burdo accionar, es que con esto, logran el “efecto Cobra”. El Columnista del Espectador Mauricio Botero Caicedo se refería en qué consiste el Efecto Cobra”: “A las decisiones políticas o sociales que terminan por tener un resultado diametralmente opuesto a lo que originalmente se deseaba se las conoce en economía como “efecto cobra”. El origen de la expresión es bastante curioso: el gobierno colonial británico en la India, que buscaba purgar a Nueva Delhi de serpientes venenosas, decidió eliminar las cobras.

Esperando acabar de un tajo con el problema, una ley estableció un pago de 45 rupias a todo aquel que llevase una cobra muerta a las autoridades. Pero los británicos no contaban con el ingenio de los hindúes, pueblo tan divertido como emprendedor. Acostumbrados a las cobras, los nativos pronto comenzaron a reproducir estas serpientes dado que por las crías muertas les pagaban bastante más rupias que el costo de reproducirlas. Cuando los ingleses se dieron cuenta de que el programa de recompensas no funcionaba, cancelaron los pagos y a la población de cobras cautivas, que ahora no valía nada, la dejaron libre. Nueva Delhi terminó ahogada en un alud ofídico bastante más grave que el que tenía antes de la “solución”. El mismo error, unos años después, se repitió en la ciudad de Hanói. En este caso, los franceses pagaban por la cola de las ratas, por lo que los nativos se limitaron a criarlas, cortar sus colas y liberarlas. Sobra decir que la población de ratas se incrementó… y en particular la de ratas sin cola”.

Es exactamente lo que se lograra con Daniel Coronell: un “Efecto Cobra”, lo ascendieron a General y como lectores de su columna lo seguiremos a donde vaya.
Germán Peña Córdoba
Arquitecto- Univalle

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