Reflexión Dominical |11 de agosto de 2019

10 de agosto de 20190 COMENTARIOS AQUÍ


(Lucas 12,32-48)
La esperanza… es la palabra que sintetiza la enseñanza de la Liturgia de este domingo; la esperanza entendida como la virtud que nos hace pensar que Dios siempre cumple sus promesas; la esperanza como virtud que nos permite estar siempre vigilantes, viviendo en seriedad y honestidad todo lo que nos han encomendado.

Pero, además, al cultivo serio y cierto de la esperanza va unido el trabajo de cuidar la propia vida, de ser honestos y no hacer las cosas para que nos vean, sino por la sencilla convicción y certeza que nos debemos al bien, a la laboriosidad y servicio generoso y alegre a los demás.

El Evangelio nos indica que un buen criado es aquel que siempre cuida, vigila, sirve, es juicioso, honesto, sincero, sencillo, leal y transparente. No es digno de confianza aquel que hace para que lo vean o cumple no más allá de lo mandado; ese tal no puede recibir responsabilidades mayores porque, tarde o temprano, defraudará.

Hay un detalle al inicio del Evangelio que nos permite ubicarnos de manera muy seria frente a la propia vida: la libertad con los bienes materiales; hoy tenemos, tal vez mañana no, pero a Dios siempre lo tendremos; la cosa es que Él debe ocupar siempre el primer lugar y nunca ser el “suplente” para cuando no tengo.

Preocupémonos por mirar muy bien lo que el Evangelio nos recuerda este domingo y hagamos un examen para determinar qué tan vigilantes, honestos nos comportamos y juiciosos procuramos ser.

¡Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad!

P. Rodrigo Gallego Trujillo
Párroco de la Catedral de Buga

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