Pobrecita Fedegán

7 de marzo de 20200 COMENTARIOS AQUÍ


No convencen los ganaderos José Félix Lafaurie y María Fernanda Cabal en el papel de académicos e historiadores. Darío Acevedo tampoco, aunque no sea ganadero. Sin embargo, ahí salieron lanzando un libro sobre 6.000 ganaderos “víctimas del conflicto armado durante 50 años”. Supuestamente ese libro comienza una alianza entre Fedegán y el Centro de Memoria Histórica de Colombia (no confundir con el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación, de Bogotá, que dirige José Antequera).

Refiriéndose a ese libro, Lafaurie dijo que es un producto dirigido por su esposa María Fernanda Cabal mucho antes de ser parlamentaria. Sentí entonces curiosidad de saber lo que hacía la senadora Cabal antes de 2014, y encontré novedades insospechadas, no muy académicas. En realidad, el pasado burocrático de la señora Cabal nos muestra a un personaje más tortuoso y menos folclórico que el que se manifiesta en sus tuits.

Según Google, la señora Cabal fue directora de Relaciones Internacionales de la Fiscalía en los años 2006-2007. Le decían “La canciller”. Se la recuerda por dos hazañas, algo diluidas ya en el tiempo, y que el columnista Yohir Akerman de El Espectador, en columna de 5-26-2019, nos hace el favor de rescatar: “(Hace poco) Cabal se preguntó al aire en la emisora W: “¿The New York Times quién es? ¿Respetable? Para mí no es respetable The New York Times”. Explicando el odio de Cabal por el NYT, continúa Akerman: “Miremos algunas de las notas que ha publicado (el NYT) en el pasado de la señora Cabal. Por ejemplo, una que establece que renunció a la Fiscalía investigada porque su oficina filtró información a las mafias. Según La W y otros diarios, poco antes de eso se había conocido de otra presunta filtración de órdenes de captura y pedidos de extradición que realizó alguien de esa oficina, encabezada por Cabal Molina, esta vez a varios narcotraficantes que consiguieron eludir los operativos conducentes a su captura de las autoridades estadounidenses, ya que contaban con la información previa de los operativos. Alguien estaba, desde la oficina manejada por Cabal, protegiendo a los militares y a las mafias...”.

No es lo único que dice Akerman: “A inicios de 2007, el fiscal encargado de la investigación de la masacre de marzo de 2005 en San José de Apartadó, logró establecer que el Ejército estaba mucho más cerca del sitio de lo que se había dicho inicialmente. Basados en esa información, el 21 de febrero de 2007, la Fiscalía llamó a indagatoria a dos oficiales, nueve suboficiales y 58 soldados, por su presunta autoría en los delitos de homicidio en persona protegida y terrorismo... (Pero)...desde el despacho (...) manejado en ese momento por Cabal Molina, se filtró al Ministerio de Defensa (...), saltando el conducto regular, la trascendental decisión que adoptó la (Fiscalía) llamando a indagatoria a más de 60 militares por la masacre de Apartadó”. Ese era el “trabajo de campo” que estaba haciendo la académica Cabal.

La columna de Akerman es mucho más exhaustiva que esta síntesis que me he permitido. Invito a leerla, con todo y la renunciada que le pegaron a Cabal Molina, quien ameritaba en realidad un canazo. Ya se ha escapado de varios.

Espero que de los 6.000 ganaderos del informe de Fedegán, entregado a Darío Acevedo, ninguno sea de los que en 2007 fueron salvados de la extradición por la investigadora Cabal.

Por | Lisandro Duque Naranjo

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