Reflexión día 21 de marzo de 2020

21 de marzo de 20200 COMENTARIOS AQUÍ


Unidos, por la fuerza de la oración, en estos días de “desierto”

(Lucas 18, 9-14)
Que la fuerza de la oración aleje de nosotros el fantasma de la angustia y la desesperación; que la fuerza de la oración nos mueva a pensar en los que están más cerca de nosotros y sufren; que la fuerza de la oración nos mantenga a todos unidos en la confianza total en el poder infinito de Dios; que los apasionamientos y las publicaciones irresponsables no nos descentren de lo fundamental y objetivo. Es un momento privilegiado para descubrir cuán profunda es nuestra fe, cuán grande nuestra solidaridad y cuán seria nuestra responsabilidad. No es tiempo para descalificar, criticar, lanzar insultos o improperios… es tiempo de “madurar”.

Procuremos seguir estas sencillas reflexiones, diarias, para alimentarnos espiritualmente y sentirnos realmente muy cerca, muy cerca, los unos de los otros. Es tiempo para “ir al desierto” y comprender que “no sólo de pan vive el hombre”, que debemos ser realmente fraternos; serán días fuertes para “re-pensar” qué tanto pensamos en el prójimo necesitado que está cerca, muy cerca de nosotros.

Es tiempo para darnos cuenta que debemos tomarnos en serio la responsabilidad de ser los protagonistas de una vida que profundiza raíces en lo fundamental y comprender que, seguramente, nos hemos olvidado de Dios o, sencillamente, le hemos dicho que “se quede allí afuera donde no nos incomode”, pues “queremos hacer vida sin Él”. No olvidemos que lo fundamental es invisible… lo demás… pasa. De allí, que nos recuerde la Escritura: “mantente en pie delante del Invisible como si lo vieras” (Cf. Hb 11,27).

Hoy el Evangelio nos presenta una parábola breve: suben a orar al templo un fariseo y un publicano; dos seres humanos, el primero aparentemente justo, el segundo un pecador para los demás; el primero tiene máscaras, el segundo se descubre delante de Dios como es: necesitado de misericordia. La verdad siempre triunfa sobre la mentira. La coherencia nos libra de vivir la esclavitud mortal de la falsedad.

María Santísima nos proteja; san José interceda por todos. Bendiciones,

¡El Señor es compasivo y misericordioso!

P. Rodrigo Gallego Trujillo
Párroco de la Catedral san Pedro de Buga

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