Reflexión para el miércoles 25 de marzo

25 de marzo de 20200 COMENTARIOS AQUÍ


…en estos días de “desierto”

(Lucas 1, 26-38)

La Solemnidad de la Anunciación, hoy, nos lleva a meditar la grandeza del Señor, cercano, muy cercano a todos, pues, cuando la segunda Persona de la Santísima Trinidad, el Hijo, el Verbo, la Palabra, el Logos, se hizo carne, igual nosotros, menos en el pecado, nos mostró la inmensidad de su amor y de su misericordia. Dios, quien nos creó a su imagen y semejanza, nos redimió también y lo hizo en Cristo Jesús, nacido de la Virgen Madre, nacido en el tiempo, nacido en una comunidad humana concreta. Qué alegría descubrir que Dios se hizo uno de nuestra familia, se unió a cada ser humano; pues Él vino y pensó, amó, sufrió, sintió angustia, compartió, pero, a diferencia de nosotros, supo rechazar el pecado (las tentaciones) y mostrarnos el modelo del hombre pleno y perfecto, pues, precisamente en Cristo, encontramos nosotros el camino verdaderamente humano a seguir. Nosotros debemos fijarnos seriamente en el Evangelio y comprender que, en la vida, palabras, gestos y actitudes de Jesús el Señor, está la verdad sobre el hombre, la claridad de sus pasos y la certeza de la vida eterna.

Alabemos al Señor por su inmensa grandeza, pues, en la Encarnación y en la Pascua, nos dice que nos ama con amor de Padre, amor incondicional.

Honremos filialmente a la Santísima Virgen María, pues, por ella, fue posible que el Hijo de Dios tomase nuestra condición humana; ella es verdadera Madre de Dios, de Cristo Dios y Señor nuestro.
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A los seis meses, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José… la virgen se llamaba María. El ángel entrando en su Presencia, dijo: ‘Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo’. Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel. El ángel le dijo: ‘No temas. María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús’…’El Espíritu del Señor vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra…porque para Dios no hay nada imposible…’ María contestó: ‘Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu Palabra’. Y la dejó el ángel.”

¡Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad!

P. Rodrigo Gallego Trujillo
Párroco de la Catedral san Pedro de Buga

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