¡¡Hágalo ya!!

18 de mayo de 20200 COMENTARIOS AQUÍ


La dilación o procrastinación (la manía de postergar) está presente en nuestras vidas: en el trabajo, en el estudio en la vida doméstica y en el amor. Somos felices dilatando, posponiendo y postergando, para no enfrentar el momento crucial o la realidad que incomoda. Para todo esto, nada mejor que dilatar y lograr así,  tranquilidad pasajera, para después relajarse, al pensar que mañana será otro día. Dilatamos, como estrategia para ganar tiempo perdido, que no volverá y luego hacer  las cosas a la carrera, a los empellones, y de contera caer en el terreno de la improvisación. En esta medida, todo se vuelve urgente y cuando esto sucede, no hay tiempo para lo verdaderamente importante. Dejar de hacer algo momentáneamente, con la idea de realizarlo más adelante, es una práctica común. Procrastinar es nuestro deporte favorito.

Cada cual es dueño de su propio miedo. La valoración del miedo es subjetiva e individual, otra cosa muy distinta es el temor, que es más racional: el temor que siento al pasar la calle, porque me puede atropellar un carro… ese es temor, mas no miedo. El miedo está presente en la mente de cada individuo. Todo se reduce a dejar para mañana lo que podemos hacer hoy. El miedo a enfrentar con decisión momentos cruciales, hacen de la procrastinación un arma recurrente que paraliza, el accionar, en decisiones y situaciones coyunturales, que nos pueden cambiar la vida en un instante. Es la oportunidad perdida por dilatar. Muchos de los fracasos de estado o de los gobiernos, son producto de la inacción, y la parálisis, producto de la inercia y la desidia que se deriva de la dilación y la pereza. La pereza  anda tan despacio que no demora la pobreza en alcanzarla.

Si pensó, hacerlo después de una pausada y serena reflexión, entonces hágalo ya, hagámoslo sin vacilar, pero con responsabilidad. Si la decisión es producto de la ocurrencia, no lo haga, porque la ocurrencia es una idea deshilvanada, vaga e ilógica. La ocurrencia, es sinónimo del azar y “del afán que no queda si no, el cansancio” decía mi abuela.

Toda actividad que emprendamos debe ir acompañado de una planeación, un método y una programación, porque la improvisación es la madre de todos los fracasos y angustias que se generan en el desarrollo de proyectos de cualquier tipo. Diferir o aplazar, es parte de la condición humana, y lo hacemos para no darlo todo y más bien suministrar a cuentagotas o a plazos sistemáticos, que nos generen más tranquilidad, menos compromiso y más confianza. Pero como todo, tiene sus aristas: surge la inacción que trae consigo la evolución y el crecimiento del problema en tamaño y “problema que no se soluciona…..evoluciona” dicen los chinos.

Como soy de los que dilatan y posponen, me dijo así mismo: ¡¡hagámoslo ya!! sin rodeos, sin explicaciones farragosas que no conducen a nada. Las cosas que se percibían tradicionalmente, que no se devolvían, hoy tienen una explicación lógica, que demuestra que puede suceder lo contrario: de la palabra pronunciada, podemos arrepentirnos, retractarnos y rectificar y quedar como príncipes. Nada más saludable que reconocer el error. De la flecha lanzada, esta se puede convertir en un Bumerán, si no tiene a su favor una corriente de aire que la beneficie, y de la oportunidad perdida, esa sí parece que no se devuelve y uno de los grandes responsable de esto es la procrastinación. El constante aplazar y diferir en el tiempo.

Si nos proponemos a hacerlo ya, ganaremos mucho, en nuestra actividad cotidiana, el régimen del tiempo será distinto, seremos más eficaces y eficientes en nuestra labor y finalmente tendremos tiempo para dedicarse a lo verdaderamente importante en nuestra vida.

Desde la azotea del sexto piso, y con el COVID-19, que pende como espada de Damocles sobre nuestras cabezas, considero que ya no hay tiempo para dilatar, ni postergar, ni adquirir compromisos financieros a largo plazo, ni realización de grandes proyectos, ni utopías, ni siquiera a mediano plazo. Ya no hay tiempo, hay mas pasado que futuro, todo hay que hacerlo ya, porque, el tiempo es la mar subiendo que nos inundó la vida. ¡¡Hágalo Ya!!

Germán Peña Córdoba
Arquitecto-Universidad del Valle
Matricula profesional 76700-00969 del Valle del Cauca



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