Indisciplina social y estatal

31 de mayo de 20200 COMENTARIOS AQUÍ


A la tercera vez decidió contestar el celular, era un mensaje de voz. Lo escuchó y pensó que la indisciplina no era solo de la gente que se ve obligada a salir por el Coronavirus, a pesar de las restricciones oficiales. La indisciplina es también del Estado.

A una pregunta de aquel mensaje verbal expresó que indisciplinado -aquel que obra en contra de lo que está mandado, o que no acepta una autoridad o una orden -, es quien sale sin medidas preventivas; también cubre actuaciones de varios gobernantes. A pesar de las medidas, unas válidas y otras discutibles, no enfrentan la pobreza y la salud como servicio social –mandato constitucional –, tampoco acatan la autoridad primaria –los electores – que suplican atención. A la indisciplina estatal, los marginados responden con indisciplina social.

Supuso que si bien los llamados indisciplinados se exponen a enfermarse y contagiar a otros ciudadanos, son medidos por prejuicios que casi siempre recaen en grupos sociales históricamente marcados como pobres, desempleados, homosexuales, marginados, informales, campesinos. Creo que también hacen parte del país, reflexionó, es decir a la sociedad en donde, ciudadanos y gobierno, tienen la obligación de actuar de acuerdo con la Constitución. Aquellos a exigir se cumpla y éste a aplicarla con equidad.

Al cavilar sobre la Constitución concluyó que la forma de concebirla y aplicarla limita el significado de la democracia. Recordó al maestro Estanislao Zuleta: “Democracia es derecho a ser distinto, a desarrollar esa diferencia, a pelear por esa diferencia, contra la idea de que la mayoría, porque simplemente ganó, puede acallar a la minoría o al diferente.” -Educación y Democracia: un campo de combate -.

Muchos dirán que el Estado no puede tolerar los desmanes de los indisciplinados, pero el maestro Zuleta define bien nuestra realidad: “Debilidad del Estado quiere decir que el poder está focalizado en otros sectores -los gamonales de provincia, los terratenientes, los gremios, los grupos armados, los paramilitares, etc.- que desbordan al Estado y no se acogen a la ley estatal”.

Pensó que una educación comprometida se constituye en el camino apropiado para construir la democracia. “Si la educación no enseña al hombre a luchar por sí mismo, a criticase a sí mismo, a criticar a la sociedad en que vive, esa educación es nefasta”. –Paulo Freire. Educación, disciplina y voluntad de saber, 1988 -.

Continuó. Los llamados indisciplinados saben que necesitan un empleo, que requieren servicios de salud y educación, que precisan tierra para trabajarla; igual saben que tienen derecho a expresarse. Estos saberes convertidos en problemas son el fondo de los brotes de indisciplina social que necesitan ser resueltos.

Parecen ser germen de un proyecto nuevo para superar las actuales condiciones de desigualdad. La disciplina estatal le exige al presidente enfrentar tan abismal desigualdad, con las armas que la Constitución le brinda, además de obligar a los indisciplinados a quedarse en casa. Estoy de acuerdo con el maestro Zuleta: “hay dos cosas a las que nadie puede obligarnos: a pensar y a amar”.
Un texto de Guillermo Salazar Jiménez



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