Las palabras

21 de mayo de 20200 COMENTARIOS AQUÍ


Un texto de Guillermo Salazar Jiménez
“La palabra arrastra limos, /pule piedras, /y corta selvas imaginarias”, en Contra voz, de Alfonsina Storni. Considero que las palabras tienen poder, se convirtieron en la compañía del aislamiento; con ellas visitamos familiares y amigos. Los abrazos, saludos y deseos se hicieron posible con la unión de sustantivos, adjetivos y verbos; volaron por medio de palabras hechas con artículos, pronombres, preposiciones y conjunciones.

Creo que si leer se convirtió en acción amiga del confinamiento, escribir ayudó a mantenernos vivos, a pensar en los otros, apreciar desconocidos y recordar olvidados. Las palabras hechas mensajes derivaron en estrategia de compartir para derrotar la soledad.

Estudio lo que leo y pienso en su autor. Las palabras, que en principio solo estaban en su cabeza, me llegaron con aquel libro a través de hacerlas viajar hasta mis ojos. Los libros están gritando salir de las bibliotecas para ayudar a paliar la cuarentena, no desean ser amigos olvidados en las 1.400 bibliotecas de la red nacional, hasta hace poco cerradas. La Cámara Colombiana del Libro reconoce solo 35 librerías independientes —datos de 2014, no hay registros recientes—¸ lo que significa una librería por 112.917 habitantes.

Triste realidad de un país que poco lee. Recordé a Blas de Otero, En el principio: “Si abrí los labios para ver el rostro /puro y terrible de mi patria, /si abrí los labios hasta desgarrármelos, /me queda la palabra”. Con palabras se hicieron realidad las horas y los días, con ellas se toleraron las semanas y los meses del aislamiento: sin WhatsApp o Twitter, muchos no sabrían qué hacer para sobrevivir.

       Considero que las palabras vuelan con nuestra imaginación y construyen mundos nuevos; desatan envidias y aúnan deseos. Incluso, muchas cambian con el tiempo. Según el Nuevo tesoro lexicográfico de la lengua española, en 1611, decía que avión era un “pájaro conocido, que por otro nombre se le llama vencejo”. O el mismo diccionario de 1726, definió azafata como la dama que “guardaba las alhajas y vestidos de la reina” —bbc.com—.

Entre las últimas 20 palabras nuevas aceptadas por la Real Academia de la Lengua Española están Abracadabrante: muy sorprendente y desconcertante. Amigovio: persona que mantiene con otra una relación de menor compromiso formal que un noviazgo. Conflictuar: provocar un conflicto en algo o en alguien. Descambizar: deshacer un cambio. Papichulo: hombre que, por su atractivo físico, es objeto de deseo. Vagamundo: vagabundo. Y obvio, Palabro: palabra rara o mal dicha.

En definitiva, el coronavirus permitió que, en medio de la lejanía, nos acompañáramos por medio de las palabras, unas de afecto o aflicción; otras de saludo o despedida, largas o cortas, como el poema de ocho palabras del Argentino Juan Gelman: “Eres mi única palabra:/no sé tu nombre”.

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