¡Prevenir!

7 de mayo de 20200 COMENTARIOS AQUÍ


Un texto de Guillermo Salazar Jiménez
Esa mañana atendió 4 pacientes por teléfono. En casa contrastó la realidad de los médicos que trabajan sin insumos para proteger sus vidas, con las palabras del presidente sobre la promesa de cubrir déficits acumulados. Pensó que las promesas, alejadas de la realidad, reflejan la falta de acercar lo que desea con las necesidades que sufre el país que dirige. Por ello, el sistema de salud colapsó, la falta de prevenir los males denunciados desde que se discutió la Ley 100, hace 27 años, quedaron en palabras.

Mientras dejó los zapatos usados en la puerta del apartamento, pensó que el presidente Duque heredó un sistema de salud perverso y corrupto, pero tampoco ha resuelto los graves problemas denunciados. ¿Falta de voluntad política?, ¿compromiso con los dueños del sistema?, ¿incapacidad profesional?, concluyó: creo que a él y demás presidentes les faltó prevenir. No era necesario esperar la epidemia para intentar resolver los viejos problemas, incluso con medidas apresuradas e ilógicas.

‘Más vale prevenir que curar’, pensó, mientras se despojaba de su ropa. Proverbio ajustado a nuestra realidad de contagiados y muertos. Las medidas debieron tomarse hace mucho tiempo para evitar los peligros de hospitales sin insumos y personal médico sin medios.

Los efectos del coronavirus trascendieron la salud, consideró, la producción colapsó, el hambre y las desigualdades salieron a flote. Múltiples denuncias desoídas, miles de tutelas desatendidas muestran esa realidad de horror: improvisación.

Sentado en su cama, recién bañado, leyó, entre sus apuntes, a Juan Pablo Fernández, quien escribió en 2011: “En este mar de pus que es la Ley 100 el debate es continuar o no el modelo de salud vigente… Las EPS sobran, no son necesarias”. Al año, Semana concluyó que “el vacío fundamental que conlleva a todas las quejas de los usuarios y del personal asistencial como los cortos tiempos de consulta, los tiempos de espera para las citas, el mal pago y el abuso de algunas cooperativas de trabajo asociado, son consecuencia de un vacío fundamental en la legislación”.

Para ampliar su apreciación ojeó lo escrito en 2012 por el decano de Medicina de la Universidad Industrial de Santander, Luis Ángel Villar: “Hospitales públicos cerrados, enfermedades infecciosas que resurgen, otras cuyos índices se disparan, despido de trabajadores, pálidas campañas de vacunación, centros de investigación científica clausurados, enfermos que deben resignarse a morir en sus casas son las nefastas consecuencias de la Ley 100”.

Examinó la tesis doctoral laureada por la Universidad de Antioquia titulada Los muertos de la Ley 100, de Jaime Gañán, donde defiende: “La protección del derecho a la salud es ineficaz por las restricciones que para su satisfacción derivan de la libertad económica, en su dimensión de libertad de empresa”.

Para prevenir el posible contagio en la calle, por fortuna, ese viernes 25 de abril, la vecina le prestó su carro para desplazarse hasta la clínica. Otros héroes desconocidos que también merecen aplausos.

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