Reflexión Dominical, 28 de junio de 2020

27 de junio de 20200 COMENTARIOS AQUÍ

13º domingo del tiempo ordinario
(Mateo 10, 37-42)

Dignos del Señor.¡ Qué exigente es el Señor con sus discípulos!; y así debe ser, pues se trata de la obra de la Evangelización que es, comunicar y anunciar la vida de Dios manifestada en Cristo Jesús, nuestro Redentor. Desde allí podemos comprender, entonces, que toda obra grande exige la excelencia y la búsqueda de la mejor calidad… nada de mediocridades o superficialidades. Si el Señor nos pide que le demos a Él el primer puesto, es porque Él se merece todo lo mejor y, porque,lo sabe muy bien, sólo Él permanece, sólo Él es fiel totalmente y nunca nos defrauda. Jesús nos invita a tomar la cruz propia para seguirlo; no es arrastrar la amargura de muchas situaciones como si se tratase de “una cruz”; se trata de asumir la vida del Evangelio (amar a Dios, amar a los enemigos, dar la vida), con entereza, gusto, alegría y seriedad. Esto no es fácil, pero por encima de nosotros está la fuerza del Espíritu Santo que sostiene la vida. Al final del Evangelio Jesús habla de una “bella recompensa”… y es que Dios “no se queda con nada”, Él todo lo ve, todo lo lleva a feliz término, es cuidadoso en detalles con sus hijos, todos nosotros… Él da más de lo aquello que nosotros podemos dar y ofrecer. Se trata de creer sinceramente en el misterio de la Providencia del Señor; ésta se entiende como el cuidado detallado y fiel que Dios tiene sobre cada una de sus criaturas, sobre sus hijos, especialmente, procurándole lo necesario.
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En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «El que quiere a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mí; y el que no coge su cruz y me sigue no es digno de mí. El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí la encontrará. El que los recibe a ustedes me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta tendrá paga de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo tendrá paga de justo. El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pobrecillos, sólo porque es mi discípulo, no perderá su paga, os lo aseguro.»

¡Cantaré eternamente las misericordias del Señor!

P. Rodrigo Gallego Trujillo,

Párroco de la Catedral san Pedro de Buga
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