Los lobbys de la política

7 de septiembre de 20200 COMENTARIOS AQUÍ


Un texto de Abelardo Giraldo López

La palabra inglesa lobby, es empleada para definir, los amplios pasillos que los  grandes hoteles tienen en los primeros pisos, antes de entrar a los cuartos y que lo conforman cafeterías, salas de belleza y tiendas de souvenires.

Para entrar a considerar la palabra lobby en la política, tendríamos que empezar a hablar de los partidos, “y cómo, el sistema del lobbysmo, llegó hasta acá”. Encontramos que en Colombia un partido es una coalición de señores feudales, que son los jefes y siempre tienen la razón, según los lame suelas que  siguen a estos personajes incondicionalmente y que han sido nombrados por estos mismos, como asesores políticos.

Estos señores feudales se verán permanentemente amenazados, por los escuadrones de los justos, que los pueden lanzar por los aires y dañarles la armonía de su gloriosa corrupción. Se jactan de ser transparentes como un cristal, efectúan reuniones secretas, en donde juegan unas cartas que no se pueden hacer públicas a ningún curioso y se tiene que ser miembro, para poder asistir,  detrás de las puertas aparentemente transparentes de una cámara o un senado.

Un ejemplo patético fue, cuando se aprobó la reforma tributaria del ministro Carrasquilla a pupitrazo limpio, siendo las cinco de la mañana, después de semejante y voluntario madrugón y en la que se recibieron  jugosas  mermeladas.

Después cuando aparecen publicadas y aprobadas esas  extravagantes leyes, los medios de comunicación salen a la palestra erigiéndose como la conciencia social de la nación.

En el congreso, lo escandaloso, no es lo que consideramos como ilegal, sino lo que es legal.

Se valen de los lobbystas, que a la larga, no es que le reporten mucho beneficio a los políticos, generalmente el pueblo sabe, que estos son contratados, por aquellos dirigentes de partido que no encajan bien en la sociedad y por lo tanto tienen una marcada oposición.

Los lobbystas,  viven de la política como si se tratara de una empresa, pero en la realidad no son más que una élite de charlatanes, con formación académica, experiencia burocrática y políticamente astutos para decir mentiras, son peligrosos, deshonestos, crean perfiles falsos, noticias falsas, rumores falsos y caos. Ganan dinero ilegalmente y se presentan como asesores periodísticos y tecnológicos por alquiler.

En Estados Unidos existen aproximadamente veinte y dos mil empresas de lobbystas y la mayoría instaladas en Washington, que es donde figura el centro de la política nacional e internacional.

La ultra derecha latinoamericana es muy dada a contratar empresas lobbystas, porque no aceptan la noción de social democracia o socialismo, le huyen como el diablo lo hace, con el agua bendita.

Pero los pueblos ya no creen en estos políticos reivindicadores, tras toda elección, las cosas quedan en su conjunto como estaban, en realidad no hace falta que los colombianos concurramos a votar, en definitiva nada cambia.

El sistema político colombiano tiene un corte de centro y cuando alguna vez se mueve de verdad el péndulo, lo hace un poquito a la izquierda o un poquito a la derecha.

Para que, interrumpir la mísera vida cotidiana, de primero ir a registrarse para votar y después en un segundo paso, ir hasta las urnas a depositar el voto, si los de arriba, de todas maneras, con la Registraduría a bordo,  hacen lo que les da la real gana. Se confirma lo que argumentaba Eduardo Galeano, votamos pero no elegimos y cada cuatro años nos cambian de tirano.

Al colombiano se le permite ser apolítico, nadie puede ser forzado a pronunciarse políticamente o a ver al mundo desde la óptica de ningún partido.

En Colombia, un político que vaya de Mesías por la vida, queriendo bautizar a todos los que se crucen en su camino, corre el riesgo de ser asesinado, como ocurrió con el Dr. Jorge Eliecer Gaitán, Luis Carlos Galán y el mismo, Álvaro Gómez Hurtado. Solamente los malvados perduran, hasta que el tiempo les cobra con creces, ocasionándoles  una estrepitosa y cruel caída.

La democracia hoy no se alimenta de libros, sino que se vive al día a día. Quien espere esbozos de utopía o superhombres en el gobierno, debe tener mucha pobreza intelectual.

Los colombianos de a pié, no filosofan sobre el mañana, ni sobre los cambios políticos que se deban llevar a cabo para las generaciones futuras, es una lástima, se ha apagado, aquel fervor rebelde de antaño, ha desaparecido la efervescencia que desplegaban los pueblos,  hubo un tiempo en que el nuevo mundo era rico en ideas, pero de eso hace ya, doscientos años.

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