Construir confianza es la solución

5 de octubre de 20200 COMENTARIOS AQUÍ

 

Texto de Germán Peña córdoba

El sueño de todo niño por encima de ser Bombero, era ante todo ser policía. Era tal lo subliminal, la admiración, el misticismo y el respeto que de niños se profesaba por el policía de barrio -hoy llamado cuadrante- que cuando se le preguntaba a un niño: ¿"mijito que piensa ser usted cuando sea grande"? el niño no lo dudaba y automáticamente contestaba ¡¡policía!! Quiero ser policía, repetía. También dentro de esta fantástica concepción, se encontraba el querer ser Bombero, Maquinista de tren, chófer de tracto mula, piloto, Superman o Batman. Los niños anhelaban estas profesiones, unas llenas de ficción, otras claramente alejadas de una estricta formación académica, Eran Oficios igualmente respetables, que se encontraban comprometidos con un uniforme, la fuerza física, la fantasía, la intrepidez o la osadía; los que los ejercían eran considerados súper héroes y eran modelos a seguir por los infantes. La decisión tomada del querer ser Policía, iba íntimamente relacionada con los juguetes con los cuales el niño interactuaba todo el tiempo y los juegos que se practicaban en aquella época, que eran distintos al hoy apego obsesivo al celular: La Lleva, el Cojín de Guerra, El Escondite a la Correa, el Cocli, no solo eran juegos, era un impresionante derroche de energía. Nos deleitábamos también con un juego llamado, Policías y Ladrones, donde por supuesto los buenos eran los Policías. Lo anterior era explicable desde la óptica del mundo de la fantasía, de la felicidad, la ficción y la irrealidad que son connaturales a la niñez.

Aquel niño que una vez quiso ser Policía, crece y se convierte en ciudadano. El otrora niño ya adulto, inexplicablemente desconfía de la policía que admiraba cuando era niño. ¿Qué diablos paso?: una crisis de confianza sobrevino con los años. La fantasía que se tenía de niño, se convirtió en desconfianza y hoy choca con la cruda y triste realidad que lo circunda. Es la confianza lo que se perdió. La palabra confianza tiene muchos significados, pero aplicada a este caso, sería la firme esperanza de que en el trato con la policía, se derive la seguridad y la adecuada protección para el ciudadano del común. Eso es lo que anda medio envolatado o envolatado del todo.

La desconfianza no es gratuita, es ganada con acciones que llevan años posicionándose de manera negativa, en el inconsciente colectivo. Ganarse la confianza no es un acto iso facto, es algo que toma su tiempo, porque es de origen químico e involucra necesariamente dos partes y es de doble vía: el que da y el que recibe, todo basado en la empatía y el carisma de las partes involucradas en la relación. Con la policía de hoy no existe confianza, no existe empatía.

Básicamente el problema radica en que el ciudadano no ve en el policía, un amigo, no lo ve como alguien que lo protege o ser el paliativo adecuado ante una situación adversa o peligrosa. Por lo contrario, ve en él, un enemigo que lo va a esquilmar y abusar de él, ¿quién no ha vivido, la amarga experiencia y el infaltable juego del policía bueno y el policía malo? es la manida estrategia establecida, para negociar impasses urbanos, que conlleva a una conciliación, donde el policía bueno, por lo regular es el policía Afro.

Las normas que eclosionan de los nuevos códigos de policía, no ofrecen la oportunidad de proteger, aunque esa sea su esencia. Algunos de sus miembros ven en el Código de Policía, la oportunidad de profundizar en la corrupción y esquilmar al inerme ciudadano. Nunca se piensa en la prevención, esto no existe, ni se practica. La necesaria prevención, es un obstáculo que actúa como palo en la rueda y que impide cumplir con los venales propósitos. En este orden, solo les sirve la acción y la acción deriva en corrupción.

La institución policial es muy grande, aquí sólo se trata de la policía encargada de la seguridad ciudadana, puesto que existen otras ramas que sus actividades son desarrolladas idóneamente. Existe la Policía Aduanera, de turismo, policía de infancia, policía montada, de inmigración etc. Regresar al policía bueno de Barrio es imposible, volver al policía que se ofrecía llevarte a la casa porque cometías la irresponsabilidad de embriagarte y conducir, el policía que columpiaba los niños en el parque, el policía que ante la falta, te reconvenía y te hacía jurar que no lo volverías hacer, eso caducó, son otros tiempos, pero si hablamos de recuperar el intangible de la confianza, ese sería el primer tema a tratar dentro de una eventual reforma, incluyendo otros factores como la estricta formación en derechos humanos y una Draconiana normativa para la selección y posterior vinculación.

Cuando en la prestación de un servicio a la comunidad, como es el que hace la Policía encargada de la seguridad Ciudadana, solo se ve la oportunidad de enriquecerse y ser venal, con el falaz argumento que hay aprovechar "el cuarto de hora" no hay nada que hacer: ¡¡apague y vámonos!!

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