Somos una tarea inconclusa

25 de octubre de 20200 COMENTARIOS AQUÍ

Texto de Guillermo Salazar Jiménez.

  Una educación por el trabajo que estimule la colaboración y no la competencia. Una educación que dé valor a la ayuda mutua y no al individualismo, que desarrolle el espíritu crítico y la creatividad, y no la pasividad”, lo leyó de Paulo Freire y sirvió para repensar los métodos empleados en sus clases virtuales.

  Observar sus estudiantes a través de pantallas le bastó para valorar su manera de trabajar como docente. Los meses de la cuarentena le sirvieron para concluir que sus clases escasean en pensamiento crítico y solidario, ni en construir proyectos de vida futura. Pensó que tenía la obligación de verse así mismo como maestro, a sus estudiantes como personas con habilidades por explotar para identificar entre todos nuevos caminos. Que el uso de la tecnología sirva como apoyo y no para dominar porque como dijo Eduardo Galeano “Vivimos presos tras barrotes invisibles, traicionados por las máquinas que simulan obediencia y mienten, con cibernética impunidad, al servicio de tus amos”.

  Triste realidad que lo remitió como estudiante a la universidad: ¿Cómo me formaron?, se preguntó. Se respondió que desde allí nació el problema de una docencia incapaz de analizar los problemas del mundo y de Colombia, fuerte a la hora de repetir contenidos y débil en aplicar métodos para argumentar y crear nuevos conocimientos. Se creyó afectado por la Facultad de Educación que lo formó en contravía del papel que tienen que cumplir los maestros, como escribió E. Galeano que “Los campesinos todavía esperan las tierras fértiles que les habían prometido. Recibieron suelos de piedras”.

  Se apoyó de nuevo en Freire, “toda docencia implica investigación y toda investigación implica docencia”, para redefinir su forma de trabajar. Se dedicaría a construir con los estudiantes su propio método, de tal manera que aprenderían a debatir, escuchar y dialogar. A fomentar las actitudes de humildad, tolerancia, solidaridad, valentía y amorosidad.

  Juzgó que lo formaron para asegurar un modelo de sociedad no merecido, que es imperativo luchar por la apatía con la cual miramos los otros y la indiferencia contra los problemas sin solución. Concluyó que las aulas de clase serán espacios para reconstruir la universidad y el país. En resumen avanzar el conocimiento pedagógico.

   Los maestros participamos consciente o inconscientemente en la construcción del actual modelo de educación, reflexionó, y de sociedad también. Somos una tarea inconclusa, porque tanto maestros como estudiantes podemos cambiar y no necesitamos las grandes crisis para ello. Es cuestión de voluntad y liderazgo para motivar en los estudiantes su innata capacidad de asombro y el valor congénito del riesgo por enfrentar lo desconocido.

   Juzgó que los monólogos frente al computador no valen nada sino hay debate, que el dialogo y la discusión se convierten en herramientas pedagógicas para aprovechar la virtualidad. Ya no estoy solo porque contaré con mis estudiantes, como cantó John Lennon en Imagine: “Quizás digas que soy un soñador/ Pero no soy el único./ Espero que algún día te unas a nosotros/ Y el mundo será uno solo”. 

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