El éxito empresarial, no garantiza el éxito en la política

16 de noviembre de 20200 COMENTARIOS AQUÍ

Texto de Germán Peña Córdoba

A Donald Trump, como a muchos empresarios les pica el bicho de la política y no resisten soslayar esta veleidad, que les implica no poder sustraerse a ella. Es claro, que cualquier ciudadano tiene el legítimo derecho aspirar a postularse, pero no existe hasta ahora, vacuna efectiva para neutralizar dicho bicho, cuando se contrae la fatal enfermedad, que se transmite por vía electoral. En nuestro medio, vivimos el fenómeno en Alcaldías, Gobernaciones, órganos legislativos y hasta en la presidencia: el caso más representativo fue el de Mariano Ospina Pérez (1946-1950), Mariano fue un empresario desconocido que llegó a ser presidente. Chile lo tiene también con Sebastián Piñera, Panamá lo tuvo con Ricardo Martinelli, Venezuela en su momento, con el breve Pedro Carmona, Argentina con Mauricio Macri, e Italia tuvo su Berlusconi, se podría citar muchos ejemplos.

Los dedicados a sus actividades empresariales, están convencidos, que entrar a la política, es parte de la culminación de su éxito en los negocios, es la cereza que corona el pastel. Consideran que la política es el último peldaño que les falta para conquistar la gloria, dejando atrás, (como logros menores), todo lo anteriormente conquistado. Es la política tomada, no como real voluntad de servicio, si no, como parte de la última ambición personal o como parte de la estrategia de consolidar aún más, sus prósperos negocios.

Algunos sin sentido de lo público, asumen que el estado es un botín o una más de sus exitosas empresas y que tienen que rendir utilidades para repartirlas entre sus asociados. Piensan que el éxito de sus empresas (que es algo meritorio) fácilmente es trasladable al terreno estatal. Con criterio de "gerentes" enfrentan las responsabilidades estatales siendo que lo que menos se necesita es un gerente. Lo que realmente se necesita, es un político comprometido en la producción ideas, voluntad de servir, dispuesto a reducir las desigualdades imperantes, vocación de paz, buscar la gratuidad en salud y educación que son derechos fundamentales y finalmente, lo más importante: fomentar la unión, no la división. Todas, son realizaciones que busca un estadista que no piensa en la próxima elección, si no en la próxima generación y sus acciones tendrán que ir dirigidas a los ciudadanos que votaron o no votaron por él, sin excepción alguna. Pero por lo general, los empresarios, (por exitosos que sean), cuando finalmente aterrizan en la política, son un verdadero fiasco. "Zapatero a tus zapatos", decía mi santa abuela.

Los empresarios cuando no existe un claro sentido de lo público, deberían dedicarse a impulsar sus negocios, crear empleos, crear empresas y tener responsabilidad social Empresarial, lo cual es de mucho beneficio e interés. La política en su verdadero sentido, (no la politiquería) se hace con políticos, el éxito empresarial, no necesariamente te hace político, Política sin políticos es como la leche sin lactosa, la cerveza sin alcohol, Café sin Cafeína o un beso sin lengua. Los empresarios hacen de la política una actividad insípida, sosa e intrascendente. Repito: habrá excepciones

Estas recientes elecciones de Estados Unidos, saco a la luz, dos comportamientos diametralmente opuestos: uno el del negociante metido a político, que niega los resultados, dentro de un sistema electoral que otrora ya lo había beneficiado con el triunfo y que actúa sin medir el daño institucional que sus veleidades causan y de paso niega esos mismos resultados. El otro, que es la antítesis del magnate, un curtido político, consiente de sus responsabilidades, de la institucionalidad, permanece cauto y prudente diciendo que no se pronuncia, hasta tanto no se cumpla el conteo del último voto. Ese fue una gran lección y deja ver clara la diferencia. Pepe Mojica lo dice claramente: "el político no debe formarse para hacer dinero, si la política es la expresión de la mayoría, se debe vivir como la mayoría, no como vive la minoría".

Pensar que el país se maneja como sus empresas exitosas es una gran equivocación. Dentro de esa lógica, tendríamos que nombrar presidente de Colombia a Luis Carlos Sarmiento Angulo a Ardila Lulle o Julio Mario Santo Domingo. Para cerrar el círculo del protervo contubernio negocios y política, los empresarios se hacen dueños de los medios de comunicación, consientes que, el que posee la información tiene el poder. Lo anterior acaba de suceder con la Revista Semana. El triunfo de Biden es el triunfo de la política pura, sobre la mutación de los negocios a la política. La sensatez, el triunfo de la serenidad institucional, el triunfo de la sobriedad sobre lo burdo y lo torpe, el triunfo de la capacidad de pactar, el triunfo de los consensos, la racionalidad y la inteligencia. ¡Es el triunfo de la política!

Germán Peña Córdoba

Arquitecto Univalle


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