“Ética de la barbarie”

24 de enero de 20210 COMENTARIOS AQUÍ

Texto de Guillermo Salazar Jiménez

   Fijó su atención en la noticia del Tiempo donde afirmaba que cerca del 20% de los casos judiciales no se resuelven en el mismo año, represándose hasta llegar en 2019 a 1.884.088 sin solución. Consideró como válida la explicación de la congestión causada por el poco número de jueces, 11 por cada 100.000 habitantes, en comparación con otros países que tienen, en promedio, 65 jueces.

   La práctica utilizada de interponer recursos ante el superior judicial jerárquico en los procesos judiciales es otra de las razones expuestas para multiplicar la congestión. Pensó que era una manera de los abogados obrar dentro de la Ley para burlarla. Se especializan en el estudio de la multiplicidad de leyes para encontrar la hendija por donde justificar sus alegatos. Con esta práctica antiética prolongan los procesos de delincuentes y muchos asesinos están libres.

   En Ética para gobernar, Oscar Bautista afirma que “las personas con principios éticos no ofenden, no abusan, no roban, no mienten, no son soberbias”, características contrarias de malhechores que violan la Ley y de abogados que los defienden. Ambos son delincuentes dentro de lo que varios autores denominan la “ética de la barbarie”, “caracterizada por el descuido y la irresponsabilidad, la especulación, las afirmaciones excesivas sin base, los datos crudos carentes de significado, las teorizaciones que no pasarían ninguna prueba de verificación”.

   Sería un despropósito afirmar que estudian la Ley para delinquir pero abundan los casos en la justicia colombiana. “La ética de la barbarie” ha ganado espacio a medida que se conocen los casos de empresarios, ministros, magistrados, senadores y expresidentes que gozan de los servicios especializados de tales abogados. Con esta práctica exaltan la barbarie, contrario a la razón de ser de la justicia, crean mitos de sus defendidos perjudiciales para la sana convivencia y el acatamiento de la Ley. Se convierte en indeseable modelo para los colombianos y en negativo ejemplo para los jóvenes estudiantes universitarios.

   Conocerse así mismo, conocer al otro y ser consecuente son principios de la ética pedagógica que el maestro Estanislao Zuleta predicó porque conlleva a “la observancia de una igualdad real y no formal, el respeto a la diferencia, el conocimiento por sí mismo, y la aceptación de la demostratividad y la argumentación como el principio básico que rige las relaciones entre los hom­bres”. Relación regulada por la Constitución y las Leyes quebrantada bajo “la ética de la barbarie” por abogados reconocidos que ganan sumas exorbitantes para cumplir bien su papel de negociantes de la justicia.

   Son barbaros corruptos que tienen la impunidad por estandarte, como dice Daniel Samper Pizano engrandecen la corruptología, nueva ciencia colombiana. Dado que en el Senado se forjan las leyes y que varios son defendidos impunemente vale la pena recordar a Constantino Cavafis en su célebre poema Esperando a los Bárbaros: “¿Qué esperamos congregados en el foro?/ Es a los bárbaros que hoy llegan./ ¿Por qué esta inacción en el Senado?/ Por qué están ahí sentados sin legislar los Senadores?/ Porque hoy llegarán los bárbaros…”

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