Homogenizar atenta contra la formación

17 de enero de 20210 COMENTARIOS AQUÍ

Texto de Guillermo Salazar Jiménez

   Al cerrar la sesión de WhatsApp quedó más intranquilo que de costumbre porque recibió la directriz universitaria de prepararse para alternar sus clases entre virtuales y presenciales. ¿Qué debo enseñar ante la nueva realidad?, ¿qué vale la pena estudiar al volver a la subnormalidad?, se preguntó confundido, porque si los contenidos se desarrollaron a medias la calidad se vio afectada en mayor grado.

   Consideró que desde hace 28 años la mayoría de los profesores universitarios que hicieron parte del Consejo Nacional de Acreditación –CNA-, creado por la Ley 30 del 28 de diciembre de 1992, creyeron que la calidad formativa sería otra cosa. La reglamentación del registro calificado, base para la acreditación de programas y de instituciones de Educación Superior en Colombia, mantiene la medición contra la reflexión y el escaso análisis.

   Al leer la Resolución 021795 de noviembre 19 del 2020 que establece los criterios para la renovación del registro calificado, constató que enfatiza en los resultados y los productos en detrimento de los procesos formativos. El Artículo 12, punto a) Plan General de Estudios fija la necesidad de especificar los requerimientos de interacción entre estudiante y profesor reflejado en la dedicación del estudiante en tiempo al programa, pero no establece el papel de los procesos pedagógicos para que tal interacción gane espacio en la formación de calidad. Más que establecer el tiempo utilizado debería priorizarse el cómo utiliza el estudiante tal lapso para desarrollar su curiosidad, capacidad de diálogo, posibilidad de interpelar y hacerse preguntas que permitan desencadenar aprenderes y sentimientos de respeto y convivencia.

   Creyó que contrario a la homogenización es necesario hacer énfasis en las vivencias particulares y los retos que enfrentan los estudiantes antes que gastar el tiempo en transmitir conceptos e información vacía de discusión e imaginación. Aquel Artículo en el punto b) Resultados de Aprendizaje establece que “harán referencia a lo que el estudiante sabrá, comprenderá y será capaz de hacer”, sin advertir que las competencias básicas de reflexión, comunicación y solidaridad inspiradas en la curiosidad, el asombro y la creación son fundamentales para vislumbrar nuevos espacios educativos para enfrentar el regreso a clases.

   Insistir en hacer homogéneo el pensar y el actuar va en contra de la calidad formativa, reflexionó, puesto que las diferencias entre estudiantes son clave para modernizar los procesos de aprender y enseñar. Adultera el significado de educar, conocer para conocerse y transformar la realidad transformándose, y falsean el objetivo social de la educación.

   Compartió de Paulo Freire la idea que aplicada a la homogenización “sugiere una dicotomía inexistente, la del hombre—mundo. Hombres que están simplemente en el mundo y no con el mundo y con los otros. Hombres espectadores y no recreadores del mundo”. Idea asimilada a la capacidad de los estudiantes para decir si al cambio con Octavio Paz en Libertad bajo palabra: “allá la noche vestida de agua despliega sus jeroglíficos al alcance/ de la mano,/ el río entra cantando por el llano dormido y moja las raíces de la/ palabra libertad”.

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