Educación, libros, ciudades creativas

21 de febrero de 20210 COMENTARIOS AQUÍ

Texto de Guillermo Salazar Jiménez

 Antes de depositarlo en el tarro de la basura revisé los hechos importantes señalados en los espacios del 2020 y reseñar los programados para el 2021. Pasé la página del almanaque correspondiente al mes de febrero y me encontré con la referencia de los cuidados por el coronavirus. ¡Ya casi un año de confinamiento!, pensé sorprendido, y me detuve en el 24 de enero, Día Internacional de la Educación.

 Si la salud y la economía mundial se resintieron con la pandemia, la educación resultó afectada en alto grado. Según Unesco, en 2020, 190 países cerraron escuelas y se calcula que este año cerca de 1.600 millones de escolares y universitarios sufrirán la falta de clases presenciales. Lo cual será grave para un tercio de ellos, que no tienen acceso a la enseñanza a distancia. Una brecha insalvable para las gentes de barrios pobres y los campesinos de pueblos olvidados.

 El Día Internacional de la Educación se institucionalizó desde el 2018, y este año se celebró con el lema de “Recuperar y revitalizar la educación para la generación COVID-19”. Idea motivadora para pensar sobre el futuro de los niños y jóvenes del mundo. Preferiblemente para los 262 millones de niños y jóvenes no escolarizados y los 617 millones que no pueden leer ni realizar cálculos.

 Al llegar al mes de abril me encontré con el 23, Día Mundial del Libro. Relacioné esta celebración con la anterior y deduje que sin escuelas no hay lectura. Escuelas de calidad enseñan a leer no solo de los libros sino de la naturaleza y de las experiencias estudiantiles. Sin embargo, los libros se convierten en amigo inseparable del aprendizaje; su poder mágico permite avanzar el conocimiento y establecer relaciones entre culturas de ayer y de hoy, y descubrir lugares desconocidos.

 Con la lectura para descubrir también lo que somos y podemos ser. Lo afirmó Franz Kafka: "Un libro debe ser el hacha que rompa el mar helado que hay dentro de nosotros". UNESCO con el apoyo de editores, libreros y bibliotecas seleccionan cada año una ciudad como Capital Mundial del Libro; así fue escogida Bogotá en el año 2007 y ahora es Tiflis, en Georgia.

 Después de la proclamación universal del libro, en 1995, la educación esperó 23 años para institucionalizar su día. Entre tales celebraciones, resulta importante para la educación que la literatura se considere actividad creativa para el desarrollo de las ciudades. Desde el 2004 se celebra el Día Mundial de Las Ciudades para “Promocionar el desarrollo creativo local y la diversidad cultural”. El 31 de octubre, dentro de esta conmemoración, está la Red de Ciudades Creativas de la Literatura, con 28 representantes, siendo Montevideo la única latinoamericana.

 Con Montevideo recordé al uruguayo Eduardo Galeano en Utopía, poema que invita soñar creativamente a escritores y lectores: “La utopía está en el horizonte. / Camino dos pasos, / ella se aleja dos pasos/ y el horizonte se corre diez pasos más allá. / ¿Entonces para qué sirve la utopía? / Para eso, sirve para caminar”.

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