Iglesia, Estado y política en el siglo XIX

26 de febrero de 20210 COMENTARIOS AQUÍ

Texto de Alberto Ramos Garbiras (*)

 Todas las 8 guerras civiles del siglo XIX en Colombia, después de fundado el Estado-Nación (1819-1830), tuvieron un componente religioso, detrás de otro factor destacado. En dos de esas guerras lo religioso va a ser el factor principal, en la guerra de los Conventos (1839) y en a guerra por la educación (1876 -77). La guerra de los conventos, una reacción de las congregaciones católicas para evitar la expropiación de los conventos del sur por inoficiosos produjo levantamientos armados que tuvo que sortear y enfrentar el presidente José Ignacio de Márquez, autorizando el despliegue militar encabezado por Pedro Alcántara Herrán.

  El presidente en 1839 estaba dando aplicación a una ley de 1824 que ordenaba utilizar los conventos de Pasto para la instrucción pública o sea ampliar la cobertura educativa, ya que tenían pocos monjes y escaso uso. Fueron los conventos de: San Felipe Neri, Santo Toribio, el de los Dominicos, los Agustinos y los Mecedarios. Esta guerra civil se encadenó con otro factor que la prolongó dos años: El levantamiento armado de los Supremos (1840- 41). Líderes regionales santanderistas alentados por José María Obando, para impulsar la secesión regional como excusa, pero la verdadera causa era defenderse del proceso penal abierto contra él por el asesinato del mariscal Sucre, en Berruecos, ocurrido en la mitad del año 1830.

 La guerra de las escuelas o por la educación, se desarrolló como una reacción de la iglesia católica contra la decisión del presidente Aquileo Parra, al disponer implementar la reforma educativa aprobada desde 1870 durante la administración del presidente Eustorgio Salgar, para adecuar la enseñanza en las escuelas con los parámetros de la libertad de cultos aprobada en la Constitución de 1863. Los liberales radicales, impregnados por el pensamiento de la ilustración, las ideas socialistas europeas antes de la consolidación del marxismo, y el pensamiento laico del liberalismo europeo querían des-romanizar la enseñanza, más no desconocer el catolicismo, solo pretendían dar apertura y cabida a otros cultos y romper la exclusividad de la enseñanza en manos del catolicismo. Esto produjo la reacción de los obispos y curas que desde los púlpitos lanzaron arengas contra el presidente y la política educativa que afectaría la fe católica con un fuero que ellos consideraban intocable.

  Los obispos Manuel Canuto (de Pasto), Carlos Bermúdez (de Popayán), Joaquín Guillermo González (de Antioquia), Antonio Parra (de Pamplona), y José Ignacio Montoya, fueron sancionados, expulsados de los oficios religiosos, otros desterrados del país, con una ley de extrañamiento, llegando a buscarse la intervención del papa Pio IX para reversar las sanciones. Esta guerra contuvo además al menos otras 6 causas y factores (lucha bipartidista, reclamos por fraude electoral, apertura de caminos para el desarrollo agrícola, construcción del ferrocarril del norte, por la entrega de los baldíos, y un amplio sector reclamando un orden territorial centralista); pero los motivos religiosos impregnaron toda la actitud de los conservadores alzados en armas contra los liberales radicales en el poder. En las otras guerras civiles como la de 1851, la de 1854, 1859, 1885, 1895 y la de 1899, el sentimiento religioso y las injerencias de la iglesia en la política estaban presentes, moviendo los ánimos, insuflando los espíritus, acompañando a los conservadores en cruzadas armadas contra los liberales.

 La iglesia estuvo presente durante los 50 años del período de la Conquista, acompañaron a conquistadores y encomenderos para adoctrinar a los indígenas; durante los 260 años de la  Colonia, fueron el brazo ideológico de las autoridades españolas y acompañaron a los virreyes; permanecieron activos  durante la guerra de independencia (1810- 1819) al lado de los españoles .Y al vencer el ejército patriota para fundar el Estado Colombiano, comenzaron a reacomodarse al lado de los presidentes republicanos y a pretender no ser tocados dentro del nuevo orden jurídico donde no encajaban del todo sus aspiraciones e intereses. Des patronato Real patronato republicano, ese tránsito originó discusiones para querer permanecer intactos con los ingresos.

  La ruptura entre iglesia y Estado republicano parecía obvia pero se quedaron porque la ideología religiosa estaba expandida en todas las actividades, hasta en la mentalidad de los criollos santafereños más librepensadores; el “entendimiento” se fue dando, los choque y fricciones se manejaban con tacto por ambas partes hasta que las medidas al empezar a quitarles beneficios se fueron expidiendo en materia de censos agrarios, diezmos, desamortizaciones de bienes de manos muertas, derechos de estola(cobros por impartir los sacramentos), la libertad de cultos, la libre circulación de volantes por las imprentas, etc., al verse disminuidos en los ingresos y rentas, las tensiones fueron recurrentes.

  En 1851 la guerra civil de los conservadores hacendados y esclavistas contra el gobierno de José Hilario López que aplicó reformas a fondo como: La liberación de los esclavos, expulsión de los jesuitas (mayo de 1850), los obispos no serían juzgados por tribunales eclesiásticos, sino por los civiles, los curas párrocos nombrados por los cabildos, reformas antimonopólicas, flexibilización del acceso la tierra, y otras para tratar de consolidar el modelo republicano. Por todo ello, los curas acompañaron a los terratenientes. Hasta que en la guerra de 1876 en medio del Olimpo Radical se reventaron las relaciones, acudiendo el clero a la invocación de los derechos de una religión universal o sea transnacional que pedía a través del Papa el respeto de las comunidades católicas en el Syllabus como forma de injerencia, chocando estos contenidos con la reforma constitucional aprobada en Rionegro en 1863.

 Al término de la guerra de independencia, nos dice Jorge Villegas, se disputaban la hegemonía tres poderes: 1) La iglesia católica; 2) el ejército triunfador, una guerrilla patriota de mulatos, pardos, cuarterones,  peones, campesinos, afrodescendientes, y mestizos, entre otros que, se reconvierte en ejército institucional; 3) El estado naciente, un República tripartita que se inspiran sus forjadores en tomar lo mejor del constitucionalismo francés, inglés, norteamericano, y adaptar algo de la Constitución haitiana y la Gaditana, para moldear un Estado que reemplazara a la imposición colonial borbónica. Dos poderes nuevos y uno anclado en el pasado represor, dominante y sojuzgador.

 La iglesia logra sortear las reformas y contemporizar con varias administraciones, inclusive desestabilizar a los gobiernos liberales de mitad de siglo; combatir a los reformadores del Olimpo Radical y llegar a la convivencia con el fundador de la Regeneración, Rafael Núñez, que les devolverá los beneficios perdidos y los empoderará en la normativa constitucional de 1886, y les garantizará primacía sobre los otros cultos dentro del concordato de 1887. La “lealtad” la demostraron durante las guerras civiles de 1885 y de 1895, y la emprenderán contra el oponente ideológico de La Regeneración, Rafael Uribe Uribe, que será estigmatizado como ateo y soliviantado los ánimos contra sus acciones políticas y militares. La novela histórica de Juan Gabriel Vásquez, La forma de las ruinas, lo describe así en medio de la investigación judicial del abogado Anzola, que descifra las instigaciones de sacerdotes para impulsar la tesitura o le ánimo de los dos carpinteros asesinos (Galarza y Carvajal) que con hachuelas le maceraron el cráneo en la plaza de Bolívar, ánimo hacia la eliminación del líder, apuntalado por élites del conservatismo en complicidad con el director de la policía.

(*) Especialización en derecho constitucional de la Universidad Libre; Magíster en Ciencia Política, Universidad Javeriana; PhD en Política Latinoamericana, Universidad Nacional de Madrid (UNED- España); profesor de las cátedras: derechos humanos y derecho internacional, en la Universidad Libre.


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