Aterrado no creyó

7 de marzo de 20210 COMENTARIOS AQUÍ

Texto de Guillermo Salazar Jiménez

      Derrotado por la percepción que tenía sobre las razones expuestas por el gobierno nacional para la implementación del acuerdo de paz, analizó las palabras de un líder campesino de Riosucio, Chocó, quien en la entrevista televisiva expresó que se oponían a la erradicación de la coca porque no tenían otra ocupación.

     Pensó que el enfrentamiento entre campesinos y ejército se utilizaba para mostrar acciones gubernamentales frente a las masacres de campesinos, asesinatos selectivos de líderes sociales y de guerrilleros desmovilizados. Estrategia para afirmar que tales muertes son ocasionadas por problemas de narcotráfico y ejecutadas por grupos armados ilegales. Parcialmente cierto, recapacitó, porque el fondo está en la simpleza de las palabras de aquel campesino cuando afirmó que no tienen trabajo, ni tierra, tampoco escuelas ni hospitales, menos servicios públicos ni viviendas, y sin protección. Concluyó que el narcotráfico es una causa de aquellas horrendas muertes, pero la principal es el abandono estatal histórico del Chocó.

    Dudó, porque al gobierno le resulta más fácil inculpar a otros que ser sincero con los colombianos. La falta de autocrítica implica falta de sinceridad consigo mismo y en quienes creen en su discurso, Begué afirma que “no es certeza ni es verificación sino apertura confiada a quien creemos que nos dice la verdad”. Discurso que oculta la realidad, poco generoso con la paz, y falto de sensibilidad ciudadana, quizás porque contrario a lo que estatuyó el acuerdo, según Begué se volvió incomprensible para ellos mismos porque tocaron el lado oscuro de sus corazones.     

    Pensó que aquel discurso oficial tiene la intención de declararse inocente y eludir su responsabilidad, a pesar que defender la vida implica ofrecer medios para hacerla viable y feliz. Tampoco reconoció las críticas de la ONU, Rosemary DiCarlo, secretaria adjunta para Asuntos Políticos, afirmó que “seguimos profundamente preocupados por la inseguridad que impacta la vida de tantos colombianos en las zonas del país afectadas por el conflicto”.

     Porque el gobierno inculpa al narcotráfico de la horrorosa matazón, afirmó con Goebbels que las mentiras repetidas incesantemente se convierten en verdades. Prometer que acabar con los narcos es defender la paz, conmueve por la desfachatez con la cual trata de eludir su responsabilidad, como dice Corneille: “El mentiroso siempre es pródigo en juramentos”.

     Reflexionó sobre la solicitud de la ONU, quien le exigió al gobierno que para avanzar el acuerdo de paz tiene que proporcionar a las áreas afectadas por el conflicto los servicios básicos, igualmente seguridad pública y justicia, acceso a la tierra y títulos de propiedad, derecho a votar y participación en política. Consideró que era necesario tomar el acuerdo como una oportunidad histórica para atacar las raíces profundas del conflicto, que incluyen la pobreza extrema y la cruel desigualdad.

   Al gobierno le quedan pocos años para revertir la estrategia de culpar a otros por la violencia que crece cada día, a pesar de la propaganda por los medios de comunicación para convencernos, lo advierte Nietzsche, “No que me hayas mentido, que ya no pueda creerte, eso me aterra”.

 


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