Sin palabras justas

5 de marzo de 20210 COMENTARIOS AQUÍ

Texto de Guillermo Salazar Jiménez

La alegría sentida por la baja de muertos y contagiados por el coronavirus la derrotó el aumento de las cifras de muertos, reconocidos como ‘falsos positivos’. Noticia que enerva y duele como colombiano, porque demuestra la catadura del gobierno que miente sin ruborizarse.

Difícil encontrar una palabra justa para calificar la decidía del presidente al intentar desmentir la cifra de los 6.402 asesinatos sucedidos entre 2002 y 2008, publicada por la JEP. Engañar con un discurso falso centrado en la disparidad de las cifras es irrespetar la memoria de los ajusticiados e intentar ocultar las razones verdaderas de la acción violenta. ¡Salvajes!

Tienen igual valor 6 muertos, que 64 o 640. Las cifras no importan, el drama es igual, los 6.402 ‘dados de baja’ dejarán un rastro de sangre en su conciencia señor presidente, porque 6 podrán ser muertos en enfrentamientos, pero 6.402 obedecen a una política de exterminio planificado. ¡Brutos desalmados!

Las cifras de la Covid-19 ocultaron la horripilante cifra de los asesinados con premeditación. Es necesario acompañar a las madres de Soacha que suplican justicia e imposible olvidar tamaña atrocidad porque, según Facundo Cabral, “nos envejece más la cobardía que el tiempo”. Los ‘falsos positivos’ son una realidad vergonzosa para la historia colombiana e imposible ser cómplices con el silencio. ¡Malvados!

Miguel Hernández, en Cobardes, nos ayuda a gritar: “Las madrigueras no os bastan, / no os bastan los agujeros, / ni los retretes, ni nada”. Cierto maestro Freire, los opresores se consideran humanos, los otros somos objetos para manipular con engaños, aunque “la mentira más común es aquella con la que un hombre se engaña a sí mismo”, Nietzsche. ¡Cobardes!

Presidente Duque, el maestro Estanislao Zuleta dijo que la democracia es modestia, es decir no tratar que “mis convicciones sean aceptadas por todos, a cualquier precio, sino en tratar de que todos sean respetados en las suyas”. También que la democracia es respeto, “por el que piensa y siente de manera diferente a los que están en el poder”. Su gobierno puede ser legítimo, pero es necesario que respete la vida de las minorías y que su falta de humildad atraviese la dignidad de los colombianos. ¡Indignos!

Un grupo de crueles soldados, dirigidos por el siniestro coronel Joll, captura varios bárbaros, llamados así porque son indígenas, y llevados a un remoto pueblo donde son torturados y asesinados selectivamente. En Esperando a los bárbaros, lo relata J.M. Coetzee, premio Nobel de Literatura 2003.

Nuestro García Márquez, premio Nobel 1982, tomó como referencia el 6 de diciembre de 1928 para describir aquella mañana teñida de sangre por la masacre de las bananeras y que la historia oficial ha tratado de minimizar, igual que hoy con los ‘falsos positivos’. “Fue una leyenda, llegó a ser tan legendario que cuando yo escribí Cien años de soledad pedí que me hicieran investigaciones de cómo fue todo y con el verdadero número de muertos, porque se hablaba de una masacre, de una masacre apocalíptica”. La historia la repiten nuestros gobernantes y sus secuaces. ¡Bárbaros!   


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