Desequilibrio

25 de abril de 20210 COMENTARIOS AQUÍ

Texto de Guillermo Salazar Jiménez

  Con la pandemia aproveché el tiempo para leer y escribir. Actividades unidas al reflexionar sobre la vida -momentos históricos que determinan el pensar y el actuar –en los días y meses unido a los libros, papel, lápiz y computador. Encontré en las palabras de Eduardo Galeano, “El desarrollo desarrolla la desigualdad”, la oportunidad para deliberar sobre el desequilibrio que se presenta entre países frente a un enemigo común y universal.

  Para comprender el desigual logro de los diferentes países en la lucha contra el coronavirus es necesario detallar el abismal desequilibrio entre aquellos que producen las vacunas y las comercializan con sus amigos o tienen los recursos para pagarlas, y los que esperan en la fila como consumidores.

  Los desequilibrios entre países ricos y pobres son una epidemia peor que el coronavirus. Cada día la diferencia crece y no hay antídoto que la detenga. Afirma el Banco Mundial que en 2020 los habitantes de países ricos ganaron 47 por ciento más que los pobres, “si menos de 100 personas controlan la misma cantidad de riqueza que los 3.500 millones más pobres del planeta, el resultado puede expresarse con una sola palabra: Desigualdad.”

  Si nuestro desequilibrio se patentiza con la deuda externa –la ONU subraya que 10 países latinoamericanos, entre los cuales está Colombia, hacen parte de los 15 más endeudados del mundo -, el asunto de las vacunas horroriza. Causa horror porque se trata del avance científico para el bienestar universal. Basta con saber que los países ricos tienen el 16% de la población mundial, pero disponen del 60% de las dosis de vacunas vendidas.

  Las ganancias monetarias están por encima del respeto por la vida, aún a expensas de reconocer que el coronavirus es planetario y que los desequilibrios entre países vacunados y no, provocarán más muertes que las sufridas. Sin vacunas, el virus continuará propagándose y mutando para invadir países vecinos. La doctora Andrea Taylor, directora del Centro de Innovación en Salud Global de la Universidad de Duke, afirma, entre otras cosas, que los países ricos compraron la mayor cantidad de vacunas producidas, mientras que los pobres no tendrán las dosis necesarias para cubrir sus necesidades.

  Al 20 de marzo pasado, de cada 100 habitantes, USA vacunó 36, Alemania 13, Argentina 6 y Colombia 2; ejemplo lo da Chile con 44, quien junto a México, Brasil y Argentina acumulan casi el 90% de las vacunas de la región. –es.statista.com -. Los demás sufrimos por la falta de dosis y retrasos en la compra debido a la acumulación que de ellas hacen los países ricos.

  Creo que, por tratarse de morir de acuerdo con la rapidez de la expansión del virus, el desequilibrio entre países ricos y pobres para disponer de las vacunas, tendrá que reconfigurarse rápidamente porque la salud es vida. Lo advierte José Saramago, escritor portugués, premio nobel de literatura en 1982, al afirmar que “No solo hay desigualdad en la distribución de la riqueza, sino en la satisfacción de las necesidades básicas.”

 

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