El asesinato de la gobernadora Sandra no mata la esperanza

25 de abril de 20210 COMENTARIOS AQUÍ

Texto de Diego Jaramillo Salgado

 Aun se comenta en muchos espacios el significativo ejercicio de la Comisión de la verdad con las víctimas y los reincorporados de las Farc en Caldono. La memoria de 248 acciones militares durante la guerra en contra de esta población, realizadas por esa guerrilla, no cabían en las mentes de quienes perplejamente asistíamos a la ratificación de esta evidencia. En ningún momento se explicó por qué este ensañamiento. Solo quedó la solicitud de perdón por parte de los victimarios y su compromiso de continuar aportando verdad, reparación y búsqueda de los sitios en que se encuentren los restos de tantos desaparecidos. Se sabía que mientras allí se levantaban los pañuelos blancos, en sus alrededores, los carniceros de la guerra acechaban para dar continuidad a la barbarie. Camuflados en los vestidos de la extinta agrupación armada, pretenden aparecer como continuadores de una ideología que consideran traicionada. Dando fuerza a un control de territorios por los cultivos de uso ilícito, el narcotráfico, y la minería. Lo cual explica que lideresas como la gobernadora indígena Sandra Peña Chocué se convirtiera en objetivo militar. Ella se oponía al incremento de los cultivos de coca que, desafortunadamente, algunos comuneros persisten en sostenerlos o ampliarlos. Se sabe que lo hacen por obtener mejores rendimientos al no haber un acompañamiento del Estado con infraestructura económica y apoyos para volver a sus cultivos tradicionales. Igualmente, por el débil cumplimiento de los acuerdos de la Habana por parte del Gobierno nacional; entre ellos los referidos a este tema. No es descartable que la presión de grupos armados los obliga también a hacerlo, so pena de poner en peligro su propia vida. Demostrado con acciones como este doloroso asesinato y tantos otros que se registran a diario. Dejando claro que allí no hay un objetivo político y que las comunidades solo podrán avanzar en sus proyectos comunitarios si cierran las puertas a estos mercaderes de la muerte.

 La respuesta del Cric de una “Minga hacia adentro” le sale al paso a la palabrería de funcionarios del gobierno reiterando el recurso al peso de la ley, consejos de seguridad, oferta de dinero para delatar a los autores, y fantochadas que se pierden en la maraña de sus inconsistencias. Si a la pandemia el movimiento indígena le cerró el paso con fortalecerse por dentro, ahora lo acentúan en este doloroso momento. Erradicar los cultivos, sacar a quienes no son de las comunidades, comprometidos con el narcotráfico, controlar los territorios, y capturar a los asesinos, es la mejor demostración de su autonomía y de pervivencia de la esperanza de que no triunfarán los hacedores de tragedias.

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