¿Hoy somos mejores personas?

20 de abril de 20210 COMENTARIOS AQUÍ

Texto de German Peña Córdoba

Cuando la pandemia aterrizo en nuestras vidas todo lo cambió, nuestra rutina enloqueció y se podía claramente visualizar los grandes estragos que eventualmente causaría, en nuestra cotidianeidad. Cundió el pánico y sus efectos nos abrumo la existencia, el miedo se empodero, con todos sus avatares y en poco tiempo se consolidó. Las mayorías empezaron a especular, sobre el gran cambio que el Homo Sapiens podría experimentar, al salir golpeado tan directamente de esta Sui Generis y difícil situación, que nos ponía de frente, ante la temida Parca. La intrusa llegó a la mitad del día, cuando apenas cantaba la Alondra todavía, mostraba sus afilados dientes y nos llamaba a recorrer juntos de la mano, su infinito y azul camino. Ríos de tinta han corrido, acerca de los cambios que eventualmente podían operar en el ser humano, derivados de tal situación de horror y tristeza. Una pareja dispareja, se unió en extraño rito matrimonial: la charlatanería se fusiono con la ciencia, para conceptualizar acerca de lo que podía ser o no ser. Los resultados fueron inciertos, abundaron los diagnósticos y los diseños de grandes conspiraciones no se hicieron esperar. Se decía de un nuevo orden mundial, la necesidad de diezmar viejitos, se hablaba de grandes intereses de los laboratorios Farmacéuticos, etc.

Todo apuntaba a que después de la Pandemia o estando profundamente sumidos en ella, seríamos mejores personas, seriamos más sensibles, misericordiosos y solidarios con el dolor ajeno: ¡¡mentira!!, todo lo contrario, ha sucedido: el arraigado egoísmo y el individualismo ha florecido, en el pantano de cada individuo. Cosas muy malas fueron llegando para quedarse. Si antes de lo experimentado, lo padecíamos todo, hoy aflora con más fuerza, los defectos de carácter, representados en el distanciamiento familiar, la desconfianza, la pequeñez y la levedad del ser humano. De manera perspicaz intuíamos que todo cambiaría en nuestro entorno, que el mundo sería mejor, igualmente que nos conmoveríamos por la situación del otro, contrario a esto hoy todos practican el "sálvese quien pueda" sin miramientos ni solidaridad de lo que sucede a su alrededor con sus congéneres.

El primer insolidario es el estado colombiano y en especial este desgobierno que padecemos. El estado, que es de donde deberían venir soluciones pragmáticas y paternalistas, brilla por su ausencia. El desempleo que bordea un 20 % promedio a lo largo y ancho del país y 50% en regiones como la Costa pacífica, no inspira a este desgobierno otorgar a los más necesitados algo tan elemental: una renta básica, correspondiente a un salario mínimo. En un país donde el 63,8 % vive con menos del mínimo es lo más justo y necesario. Algunos congresistas de ideas de avanzada, lo han solicitado con vehemencia, pero la indiferencia ha sido la respuesta de parte del pervertido ejecutivo derrochón y corrupto. Las ayudas, van más dirigidas a robustecer las utilidades del sector bancario que en 5 años han obtenido 103 billones o hacer cosas tan absurdas como pretender salvar a Avianca, empresa que ya no es colombiana o lo más absurdo y osado: impetrar ante el Congreso la aprobación de una inoportuna reforma tributaria en plena Pandemia, cuyos principales afectados son los estratos bajos y medios postrados hoy, en una lamentable situación económica. El estado ladrón (como lo llamaba Carlos Lemos Simons) cuya obligación es garantizar el pleno empleo, no hace nada por ellos, por lo contrario, pretende que los afectados por la Pandemia tributen más en detrimento de su caótica situación. Algo incomprensible, inconcebible e inverosímil. Y pensar que todavía existe gente de clase media y pobres que piensan que la caterva es la solución a sus problemas y hasta terminan votando por ellos. No es si no meterles miedo, con el fantasma de un inexistente y obsoleto Comunismo (como si el Capitalismo salvaje, les hubiera dado el bienestar deseado) e inmediatamente se dirigen derechito a las urnas, como mansas ovejas, a votar por el que les digan. Que tristeza.

 Es inexplicable como un pueblo aguanta, durante tanto tiempo, sin sublevarse ante el desmesurado abuso y la ostensible ignominia. Creo que con los vientos que han cultivado, cosecharan muy pronto tempestades, porque el descontento represado en todos estos años, es una bomba que en cualquier momento estallará: Gente deambulando por las calles sin ningún horizonte, destechados y desplazados en los semáforos, pidiendo algo que comer, hordas de Venezolanos mendigando, vinculándose a delinquir y mostrándonos su pobreza, en una acción deliberada y coordinada por la extrema derecha, que los utiliza perversamente, con fines electorales y también como arma para inocular miedo y muy pronto volver a decir el lugar ya común: si eligen a Gustavo Petro esto les pasara, nos volveremos como Venezuela. ¡¡Pero que más nos podrá pasar!! La eventual estrategia con seguridad fallará y la alternancia en el poder es un hecho.

German Peña Córdoba

Arq. UNIVALLE

 

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