La movilización social contra la reforma

19 de abril de 20210 COMENTARIOS AQUÍ

Texto de Diego Jaramillo Salgado

  No hay nada más absurdo que construir aparentes verdades partiendo de asumir como ignorantes a quienes van dirigidas. Es lo que se puede concluir de la presentación al congreso del proyecto de reforma tributaria. A solo un poco más de un año de su finalización, este gobierno admite que este país necesita de una reforma social. No porque se haya dado cuenta de la profunda desigualdad que día a día crece con el modelo económico impuesto. No. Más bien porque se sabe que las grandes empresas, sobre todo internacionales, favorecidas por su política económica, deben seguir siéndolo en lo que resta de su mandato. Así lo ha sostenido desde antes de la pandemia, bajo el pretexto de que si no se les exonera de cargas impositivas se alejan del país y no hay garantía de producir riqueza y fuentes de trabajo. Son vergonzosas las denuncias de aportes a grandes empresarios del país para bandear el impacto de las cuarentenas y de los débiles, o nulos, a pequeñas y medianas empresas, cuyos dueños hoy se trastean al vulnerable sector de los empobrecidos del país.

  Sostener que ahora propugnará por una “solidaridad sostenible” no puede más que mover la rabia contenida de pobres y miserables, y ahora de importantes núcleos de clase media. Pues se ampara en el dolor de la gente para sostener algo que profundizará sus desgracias. No otra cosa se deduce de la amalgama de impuestos que, a manos llenas, aparecen en su propuesta. Aduciendo una supuesta proporcionalidad al recargar más a estratos superiores, como en el caso de los servicios de agua, luz, energía, aseo. Escondiendo que sus efectos impactarán también a los de abajo. En muchos otros es directo. Si hasta bienes propios de las mujeres, que habían sido exonerados, ahora tendrán su impuesto, que se podrá esperar con otros que también lo fueron, y con el de la gasolina y la apertura de nuevos peajes. Ni siquiera escuchó a miembros de su propio partido sobre la necesidad de austeridad del Estado. La cantidad de billones que invertirá en aviones de guerra es solo una muestra. Tampoco le sonó la idea del control a la evasión que, según los expertos le reportaría cerca de 40 billones de pesos anuales. Mucho menos la de grabar a los grandes capitales. Es claro, entonces, la ausencia de propósitos de poner el Estado al servicio de los más vulnerables en la actual situación. Lo es también que la gente no es idiota y comprende la trampa tendida por el gobierno. Tanto que los rechazos y las movilizaciones anunciadas lo constatan.

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