Olvido

29 de abril de 20210 COMENTARIOS AQUÍ

Texto de Guillermo Salazar Jiménez

Sabía de su crítica situación, pero quedé perplejo cuando ingresé en compañía de RH por un pasillo de cemento oscuro hasta su humilde cuarto. Lo encontramos postrado en su catre, en una piececita estrecha, sin iluminación ni ventilada. De aquel maravilloso músico colombiano solo quedaba un inmenso cuerpo arropado con su grandeza y la nostalgia del olvido estatal. Entonces recordé a Borges: “Soy el que es nadie, el que no fue una espada/ en la guerra. Soy eco, olvido, nada”. 

 Como integrantes del grupo encargado de programar el encuentro de grupos musicales de la unidad residencial Los Fundadores de Cali, habíamos decidido homenajear al maestro José Macías. Después de conversar sobre su vida artística, miró a su hija Ruth, compañera, guía y fiel asistente, para canturrearle que “tus ojazos me han herido, /tus labios me tienen preso; /y si con la miel de un beso he de ser correspondido.” Complacido nos afirmó que Muchacha de risa loca, este bambuco, se lo compuso a ella, en 1954. 

 José Macías había nacido en Samaria, corregimiento de Filadelfia, Caldas, en 1912. Después de varios años residenciado en Armenia, se radicó en Cali desde 1950. Por esta época era famoso el dueto Ríos y Macías, reconocidos bambuqueros y bohemios del ambiente musical en el bar Calandria, Aquí es Miguel y café Bola Roja de Cali. A los cinco años del homenaje, murió en el olvido, en 2003. 

 Por solicitud de Ruth, le entregamos una camisa con su corbata para lucirlas el día del homenaje, 27 noviembre de 1998. Me respondió que estaban llenas de discos y que también debajo de la cama, había preguntado, ¿qué guardan en esas cajas? Mientras viajábamos hasta el sur de Cali, las calles mojadas invitaban al olvido, los viejos cantantes, la casa derruida, el maestro abandonado… el homenaje, su única compañía. Me volvió a la realidad el maestro Macías al decir que su inspiración nacía de la sonrisa de las mujeres, la boca y la dentadura eran su musa. 

 Con razón entonó: “Blanca flor hecha de fuego/ Sensitiva, perfumada/ Ven a mi alma enamorada/ Dale vida con tus besos”, letra del bambuco Bonita. Continuó con Las Moras: “Boca de moras maduras/ sobre surcos de diamantes/ deja calmar un instante/ esta sed que me tortura”. 

 El maestro, autor de más de 200 canciones, también compuso la música de otras, quizás la más reconocida sea La Ruana, del maestro Luis Carlos González, porque hace parte de nuestra historia montañera, “Por eso cuando sus pliegues/ abrazo y ellos me abrazan/ siento que mi ruana antigua/ lo que abriga es el alma”. 

 Después del homenaje, los discos de las cajas fueron vendidos al precio que cada asistente fijó, como cuota solidaria de admiradores. De regreso, al entrar en su casa, en el barrio San Bosco, renegué del abandono con las glorias de la música colombiana, entonces pensé en Compañero de olvido, Benedetti dice: “Estamos recordándonos sabiéndonos/ solidarios sin nombre solitarios/ de a uno o en montón, pero insepultos/ compañero de olvido no te olvido”. 

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