Causas de las Guerras Civiles

29 de mayo de 20210 COMENTARIOS AQUÍ

 Texto de Alberto Ramos Garbiras (*)

       Algunos se preguntan si el estallido social que brotó en el país desde el 28 de abril con una gigantesca movilización nacional que fue la segunda fase de la gran movilización de noviembre 2019, teniendo como un largo interregno la pandemia desde finales de marzo del año 2020, y a partir de la convocatoria a marchar de abril 2021, inicialmente contra la lesiva reforma tributaria, desde allí surgieron las manifestaciones continuas, y al margen de ellas, el incremento de actos de vandalismo multiforme que no debe confundirse con las marchas ciudadanas. De otro lado, los resistentes después de las marchas, han estado presentes en: turbamultas, marabuntas, revueltas, protestas, barricadas, bloqueos, y enfrentamientos callejeros por las provocaciones. La inquietud es: ¿si esta situación de convulsión nacional que vive Colombia con un fenómeno de movilización en la mayoría de los municipios, que se parece a una huelga general de masas, puede esta situación llegar a una guerra civil? Habría que recaer sobre los conceptos de la ciencia política y a la tradición de guerras de Colombia, para poder visualizar esa proximidad.

       Las guerras civiles se dan dentro de un país, se extienden a todo el territorio nacional o a gran parte de él, polarizan la sociedad y la neutralidad no sirve de excusa por la alta crispación de los contendores. Al configurarse se busca la caída de un gobierno porque la etapa de reclamaciones y malestar general se tramitó dentro de las manifestaciones, los diálogos, las quejas, los intentos de reformas fallidas ante el Congreso, la ausencia de políticas públicas, y los factores que originaron las reclamaciones se han crecido. Las guerras civiles siempre están antecedidas de quejas ante los gobiernos, manifestaciones, protestas, reclamos, cuando todo se ha desatendido y la población es ultrajada, perseguida o abaleada; entonces el pueblo se arma para defenderse.

      La guerra civil no se desata prematuramente, usualmente han pasado varios años o meses de inconformidad sin solucionar las quejas presentadas. Las manifestaciones son pacíficas y se dan a través de marchas, plantones, acampamientos, mítines, performances, actos culturales, lúdicos, musicales, pero cuando las manifestaciones son infiltradas o interferidas por saboteadores o vándalos prepago, mancillan el espíritu de la marcha y se promueve la intervención policiva con represión, y enfrentamientos violentos. Si la represión contra los manifestantes es continua con apaleamientos, balaceras, encarcelamientos, desapariciones, y sin mediar un protocolo que respete las marchas, y se corta el dialogo, sin verse la solución a la problemática, este es un indicador de que puede iniciarse una conflagración nacional con ribetes de guerra civil. iniciándose el camino hacia los enfrentamientos armados, como en Siria y en Libia. Ted R. Gurr considera que una crisis de este tipo puede derivar en guerra interna cuando el descontento o la privación relativa que afectan a la élite y a las masas son intensos y comprenden un gran número de bienes o valores; si la clase dirigente es particularmente ineficaz, y si existen grandes facilidades para emprender una acción violenta a gran escala.

      Podríamos mirar la experiencia colombiana con las 8 guerras civiles del siglo XIX donde encontramos causas repetidas y otras novedosas en cada guerra, las ocurridas en 1839, 1851,1854,1859,1876,1885,1895 y 1899. Las causas repetidas fueron los enfrentamientos bipartidistas, o la disputa por la definición del orden territorial, centralismo o federalismo; las injerencias de la iglesia para no perder privilegios o para recuperarlos después de las expropiaciones de bienes de manos muertas; la disputa por la tierra con el arrebatamiento de baldíos; las acciones de los jefes supernos departamentales como terratenientes y caudillos para ejercer el poder y la soberanía sobre territorios desconectados por la falta de vías; la decisión de otorgarle la libertad a los esclavos, que produjo el levantamiento de hacendados antiesclavistas para seguir usufructuando la gratuidad de la mano de obra ;la lucha entre librecambistas y proteccionistas los disentimientos entre caudillos militares y la concentración del poder para incubar autoritarismo como lo hizo Rafael Núñez al construir el sistema de La Regeneración; los fraudes electorales, la censura y ataques a la libertad de prensa y opinión.

     En el siglo XX prácticamente se presentaron dos guerras civiles y no se les ha querido reconocer de esa manera. 1). La guerra civil entre 1948 hasta 1958. Se inició con el Bogotazo a raíz del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán. Hecho dramático antecedido desde 1946 por la persecución y exterminio de los líderes gaitanistas durante el primer tramo del gobierno de Mariano Ospina Rodríguez, táctica implantada por Laureano Gómez, extrapolando o trayendo los métodos de persecución del franquismo durante la guerra civil española (1936/1939), contra los republicanos tildados de rojos para darles un tinte comunista. Después eliminarán a Gaitán y se inicia la llamada guerra bipartidista, denominada con el eufemismo de la Violencia con V mayúscula para darle forma a un fenómeno abstracto, pero era el proyecto de revivir la hegemonía conservadora que había sido interrumpida entre 1930 y 1946. Este período de 10 años fue una verdadera guerra civil entre los partidos con despojo de tierras y destrucción de las instituciones que buscarán moldear con la creación del frente nacional, pacto de élites a la manera de la Regeneración Nuñista excluyendo a las terceras fuerzas.

      2) La guerra civil registrada entre 1964 y 2016 entre las FARC y el Estado colombiano con sucesivos gobiernos. Se ha mirado como una guerra de guerrillas, a partir del surgimiento del foco; otros la denominan conflicto interno, para quitarle la dimensión que tuvo; otro mero terrorismo nacional; y otros guerra insurgente o revolución inconclusa porque no triunfó, esa terminación dentro de un proceso de paz permite llamarla guerra civil porque no produjo un cambio del sistema político. Por eso esta guerra campesina acompañada de intelectuales conformó una prolongada guerra civil. Y en medio de ese largo periodo actuaron otras 5 guerrillas que tampoco lograron vencer, unas pactaron y se reinsertaron como el M-19, el PRT, el Quintín Lame, la fracción del ELN, el CRS, y el EPL. Y hubo otras guerras intercaladas con otros actores colectivos: la de las esmeraldas, la de la marihuana, la de la coca. Y muchos actores violentos: Bandoleros, mafias, paramilitares, autodefensas, etc.

      “El concepto de ‘guerra civil’ se planteó a nivel genérico, para marcar un contraste con las guerras internacionales. Bajo esta acepción, desde mediados de los ochenta, Colombia representa una clara instancia de guerra civil, dado que el número de muertes producidas por el conflicto armado ha oscilado entre mil y poco más de tres mil quinientas por año. Por supuesto, es apropiado distinguir entre subtipos de guerras civiles, como es el caso de las guerras étnicas, o separatistas, o religiosas, o de guerrillas, o revoluciones. En cualquier caso, siempre estaríamos hablando de manifestaciones particulares de un mismo fenómeno”. (Carlo Nasi, 2003). “El conflicto colombiano puede definirse como una guerra civil, si se tiene en cuenta que sus actores armados son unos actores sociales y políticos. Tanto las guerrillas de derecha e izquierda como la fuerza pública son portadoras de visiones y creencias diferentes acerca del Estado y de las relaciones de este con la sociedad civil, lo cual hace de sus combatientes representantes de una ideología de guerra soportada por intereses colectivos. El hecho de que estos intereses colectivos no coincidan, en algunos o en muchos casos, con una consciente y libre aceptación individual no contradice la naturaleza del conflicto ya que las bases sociales de apoyo características de las guerras civiles siempre se han nutrido de reclutamientos tanto forzosos como voluntarios”. (Ramírez,2003)

       La guerra civil es un concepto polivalente y a veces complejo para encajarlo en una situación única o típica, hay varias formas de guerras civiles por las causas, desarrollos, participantes, clases de combates, protagonistas que las impulsan con diferente origen e ideología. Lo único claro para identificar una guerra civil es su desenvolvimiento en el territorio de una nación, es la dinámica de una guerra interna entre los levantados en armas contra el gobierno que rige un Estado. Las repercusiones pueden ser fronterizas pero el desarrollo de la guerra se da dentro de las fronteras de un país. Y para identificar que ya empieza una guerra civil, se mide o calcula la extensión territorial del conflicto y la actitud abiertamente armada de los que antes solo reclamaban.

      Para precisar sobre la etiología, orígenes o la incubación de una guerra civil, los investigadores, estudiosos de la historia y demás científicos sociales, deben acudir a los métodos apropiados para encontrar la verdad apoyados en la memoria histórica contrastando todas las fuentes, a fin de examinar documentación supérstite, versiones orales, relatos testimoniales, fuentes primarias, fuentes secundarias (prensa y audios de la época, etc.), forma de desentrañar las raíces de una guerra civil.

      Eduardo González Calleja, dentro de su investigación titulada, “Reflexiones sobre el concepto de guerra civil”, expreso que, la esencia de la naturaleza histórico-política de la guerra civil no radica en sus manifestaciones violentas —por lo demás, enormemente heterogéneas—, sino en su carácter de conflicto político en gran escala, de lucha en máximo grado para conservar o conquistar el poder de un Estado (…) la  verdadera  trascendencia  de  una  guerra  civil reside en la pretensión de dar solución a una crisis política marcada por la aguda polarización,  la  marcada  hostilidad  entre  las  fuerzas  enemigas  y  la  gran  entidad  de  los  recursos  coactivos movilizados para solventarla (…) Otra hipótesis parte del supuesto de que la protesta puede emprender una escalada hacia la guerra  intestina  como  resultado  de  una  fuerte  represión  gubernamental,  ya  que  el  aumento  de  la  coerción  no  ofrece  probabilidades  o  garantías  de  un  reforzamiento  del  orden  público, sino que, por el contrario, tiende a minarlo. (González Calleja, año 2000).

        Como lo expuse en una columna titulada “Convulsión social”, publicada en el Diario Occidente de Cali, lo que ha sucedido en estos 4 años después de firmada a paz en el teatro Colón, ha sido devastador: la corrupción desbordada y la disfuncionalidad de las instituciones, que ha llevado al descreimiento de la población, es necesario una solución de fondo. Afectaron, fisuraron y prácticamente derrumbaron las instituciones de la República por apropiarse las élites de las instituciones y el pueblo no ejercer la soberanía. De no ser así, continuaran los mismos lastres, fardos y rémoras que tienen vaciada la República. Desde que se expidió la Constitución de 1991 el neoliberalismo se desató y enturbio los excelentes derechos sociales reconocidos en la carta magna, no se han cumplido y esto exasperó a la ´población, además truncaron los acuerdos del proceso de paz que eran otra reforma necesaria, vaciaron de sentido las instituciones de la República y la Democracia quedó hueca. El dialogo de los delegados del paro nacional con el gobierno nacional es necesario que prospere para que se reencauce la convivencia y se enruten las reformas sociales y económicas que necesita Colombia, evitándose una eventual guerra civil.

Bibliografía.

González Calleja Eduardo. “Reflexiones sobre el concepto de guerra civil”. Instituto de Historia CSIC. www.gladius.revistas.csic.es , año 2000.

Nasi Carlo, Ramírez William y Lair Eric, «La Guerra civil», Revista de Estudios Sociales 14. febrero 2003. www.journals.openedition.org

(*) Especialización en derecho constitucional, Universidad Libre; Magister en ciencia política de la Universidad Javeriana; PhD en Política Latinoamericana, Universidad Nacional (UNED) de Madrid España; ha sido profesor de derecho internacional y ciencia política en la Universidad Libre. Profesor de la cátedra derechos humanos, en la misma universidad.

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