Los siete

3 de mayo de 20210 COMENTARIOS AQUÍ

Texto de Guillermo Salazar Jiménez

   Después de una noche tranquila se reunieron en el comedor antes de partir para el estadio Alberto Grisales de Rionegro, Antioquia. Asombrados, los 7 jugadores recibieron la noticia que minutos después de terminado el almuerzo les había dejado su director técnico, el venezolano Francesco Stífano. Con voz apagada pero tranquila -se encontraba aislado por el coronavirus – transmitió por su celular la respuesta escueta que dio Fernando Jaramillo, presidente de la Dimayor, rectora del fútbol colombiano: “Si hay siete jugadores disponibles, hay que presentarse con esos siete jugadores”.

   El equipo Águilas Doradas había solicitado aplazar el partido contra Boyacá Chicó que se jugó el pasado 11 de abril porque tenía 7 lesionados y 14 jugadores infectados. Aquel presidente, apegado a la norma aprobada, desatendió la necesidad humana de competir en igualdad de oportunidades y el respeto por el fútbol como deporte. Señor Jaramillo, si ya lo leyó abra de nuevo el libro A sol y sombra de Eduardo Galeano y subraye: “El juego se ha convertido en espectáculo, con pocos protagonistas y muchos espectadores, y el espectáculo se ha convertido en uno de los negocios más lucrativos del mundo, que no se organiza para jugar sino para impedir que se juegue".

   Sin alternativa, los 7 jugadores salieron a la cancha con el sueño de ganar en piernas y corazones y corrían sin desfallecer cercados por los contrarios, creo que inspirados por Vicente del Bosque porque “El éxito sin honor es el mayor de los fracasos”.

   El tiempo parecía detenido. Pensé que aquellos 7 héroes habían ganado un sitio en la historia del fútbol profesional y cuando el árbitro dio por terminado el primer tiempo respiré tranquilo y respondí con Galeano a su pregunta “¿En qué se parece el fútbol a Dios? En la devoción que le tienen muchos creyentes y en la desconfianza que le tienen muchos intelectuales".

   Los 7 habían confiado su suerte a Dios, especialmente Juan David Valencia, portero suplente, quien tuvo que jugar de defensa central impulsado por el recuerdo de las dos vallas que cargó con sus compañeros al salir a la grama, una para gritarle a la Dimayor: “Primero la vida”, y la otra para remarcarle a Jaramillo: “Respeto por el juego limpio”.

   La angustia del gol creció en la medida que los 7 despejaban el balón para soportar de nuevo el asedio del equipo contrario. Parodié a Jean Paul Sartre porque en este partido, todo se complicaba con los ataques furibundos del Boyacá Chicó. Y llegó el gol, minuto 57; segundo gol, minuto 69 y penal a los 77, para el tercero. Creo que los aplausos de los hinchas del Chicó acompañaron a los 7 jugadores que perdieron con hidalguía.

   A los 79 minutos, por lesión de Giovanny Martínez el partido terminó. Según la reglamentación mundial un partido no puede jugarse con menos de 7 jugadores. Tranquilo Giovanny, usted junto a sus compañeros se reconocen en Juan Villoro: “El fútbol nacional no vive de jerarquías. Tampoco vive de resultados: vive de pretextos”.

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