Un paro arrollador

10 de mayo de 20210 COMENTARIOS AQUÍ

Texto de Diego Jaramillo Salgado

  Fue contundente la movilización del 28 de abril. Convocada por la oposición a la reforma tributaria, la población expresó en las calles la desazón ante los estragos que deja en su vida la desigualdad social, la pandemia y la indolencia del gobierno. Es que no es sólo la reforma. Allí estaban quienes sólo pueden garantizar uno o dos alimentos en el día (quienes se mueren de hambre en sus casas, no tenían fuerzas para estar). Los trabajadores y trabajadoras informales con sus bolsillos vacíos. Los desempleados sin esperanza de vinculación laboral a la vista. Las madres cabeza de familia que no encuentran como alimentar a sus hijos. Medianos empresarios imposibilitados de volver a sus negocios. Transportadores asfixiados con altos peajes e impuestos a la gasolina. Campesinos e indígenas asediados por los actores armados y las políticas gubernamentales. Estudiantes obligados a cruzar sus brazos porque sus padres no pueden continuar apoyándolos. Crece, crece la audiencia, como en el poema de Jorge Zalamea.

  La protesta popular fue desdibujada por acciones vandálicas. No es extraño que las disidencias con todo el dinero que reciben del narcotráfico hayan intervenido. Lo mismo que quienes se asumen como la insurgencia en armas. Sin embargo, es difícil pensar que hechos como los de Cali sean atribuibles totalmente a ellos. Así la proximidad de los que operan en el Cauca, favorezca esta idea. No es descartable la participación de organismos de seguridad del estado y de la derecha. Ha sido reiterativo en movilizaciones realizadas. Les interesa desprestigiar acciones como estas para que no se repitan, e impedir que vuelva a presentarse una expresión popular organizada como la de los indígenas en la toma de Bogotá. Saben que un pueblo organizado socaba su dominación Debieran tenerlo en cuenta también los partidos de izquierda si aspiran a concretar su vocación de poder. Quiere decir esto que ningún partido u organización sindical puede apropiarse de la respuesta popular a la convocatoria de paro. Máxime que las divisiones en las cúpulas de las organizaciones dificultan avanzar en lograr incidir en la dirección estatal. Los resultados electorales no dan cuenta del descontento generalizado con el modelo de desarrollo y la corrupción del país. Ni local ni nacionalmente. Si en las próximas elecciones se diera un paso positivo en esta dirección, sería necesario avanzar en la construcción del tejido social para que quienes logren el favorecimiento popular tengan una fuerza en la base social para controlar sus tentaciones caudillistas o ser barrera de quienes pretendan neutralizarlos. Al desdén gubernamental por la movilización, se le opone la consolidación de procesos sociales organizados que puedan afianzar los proyectos de transformación social.

 NOTA: las columnas que presento cada ocho días en este espacio, son las que público en Diario del Cauca, un periódico regional. Este texto lo escribí el viernes 30 de abril. No salió impreso porque el periódico es editado en Cali y no alcanzó a ser distribuido. Resalto que ese día no era claro, como lo es ahora, la participación de fuerzas de seguridad del Estado en el vandalismo que se produce después de multitudinarias movilizaciones pacíficas y organizadas.

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