Con el nieto

23 de junio de 20210 COMENTARIOS AQUÍ

Texto de Guillermo Salazar Jiménez

    Me lleva con usted o voy solo”, escuchó la orden de su nieto, con 16 años de edad quería sentir lo que aterrado vio en los noticieros. ¿Bloquear es delito?, le preguntó a su abuelo mientras caminaban con la minga.

    La marcha llegó a La Luna, Cali. Entre la música y el baile, Rusbel Caminante y su nieto escucharon los gritos de ¡Resistencia, resistencia! ¡Fuerza, fuerza, fuerza pueblo! Era hora de responderle la pregunta: “Bloquear es cerrar el paso, impedir el funcionamiento normal de algo o alguien. No es delito porque los jóvenes no tienen otra manera de gritar las injusticias”.

     Sin participar, observaron el activo movimiento de jóvenes que cargaban troncos, vallas y postes que entrelazaban en barricadas, otros despedazaban pedazos de cemento disponiéndolos en montones equidistantes. Después del arduo trabajo, varios muchachos se colocaron cascos, otros organizaron escudos con desechos de metales.

       Mientras el nieto reía y saltaba con el grito de ¡Sin salud y educación, escogemos subversión!, Rusbel Caminante sintió miedo, quiso regresar porque ya había sufrido los gases del Esmad y temía por su nieto, que se confundió entre los miles de jóvenes.

      Los saltos de los jóvenes le impidieron avanzar rápido. Pensó que el bloqueo no era un fin, es un medio para exigir un mejor país; es la fuerza, coraje y audacia de la juventud contra la imposición antidemocrática del poder oficial. Cuando Rusbel Caminante vio a su nieto que, en compañía de una señora y otro joven, servían bebidas de una olla, no supo qué hacer. El arrojo le ganó a la vergüenza que sintió al ver el ejemplo de su nieto y se integró a terminar de construir las barricadas.

      Era la mamá de un compañero de colegio del nieto que junto a otras madres decidieron cocinar para los jóvenes protestantes. “Todos son nuestros hijos, estos jóvenes representan al pueblo colombiano cansado de atropellos e injusticias”, le dijo y Rusbel Caminante maravillado recordó que la Comisión Internacional de Derechos Humanos había expresado que las protestas “no pueden suprimirse como forma de garantizar otros usos más rutinarios de estos espacios, como la actividad comercial o la circulación de personas y vehículos”. Al contrario “las calles y plazas son lugares privilegiados para la expresión pública”.

     También soy maestro, le dijo Rusbel Caminante y la señora le respondió que los maestros tenían que enseñar lo que estaba pasando con las protestas, “es necesario que la juventud conozca la realidad de lo que se cocina en la calle”. Recordó a Benedetti: “Quizá mi única noción de patria/ sea esta urgencia de decir Nosotros/quizá mi única noción de patria/ sea este regreso al propio desconcierto”.

    ¡Primera línea a sus puestos!, escucharon, nieto y abuelo se miraron. El Esmad disparaba. Rusbel Caminante tomó de la mano al nieto y corrieron, sintieron las heridas del gas en los ojos. Escucharon las descargas y atrás quedó el humo, como dijo Octavio Paz: “Arde, sombrío, arde sin llamas, /apagado y ardiente, /ceniza y piedra viva, /desierto sin orillas”.

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