Historia

10 de junio de 20210 COMENTARIOS AQUÍ

Texto de Guillermo Salazar Jiménez

Las noticias las desechó y aunque el ambiente era tenso, se unió a los jóvenes de Puerto Resistencia, Cali. Todo era fiesta, baile y jolgorio hasta que llegó el Esmad. Rusbel Caminante se arrodilló, igual que los jóvenes con los brazos en alto, gritó: ¡Sin violencia!

       Porque nunca vivió cosa parecida, creyó que la fuerza bruta oficial era un hecho sin explicación lógica; una burda historia que contar. Reprochó la potestad de la Policía sobre la juventud para castigar con violencia sus protestas. Temió, con Albert Camus, que la actitud del Esmad, con gases y disparos, provenía de “cierta sequedad del corazón”, igual que una peste contra la sociedad.

    La plaga no está hecha a la medida del hombre, por lo tanto, el hombre se dice que la plaga es irreal, es un mal sueño que tiene que pasar”, lo creyó con Camus en la página 35 de La peste. En medio del caos, Rusbel Caminante corrió a la medida de sus 72 años sin dirección precisa hasta cuando lo abandonaron las fuerzas y se entregó a los designios de la suerte. Se vio en El juego, poema del libro Las flores del mal, escrito por Baudelaire hace más de 180 años: “He aquí el negro cuadro que en un sueño nocturno /Vi desarrollarse bajo mi mirada perspicaz. / Yo mismo, en un rincón del antro taciturno, /Me vi apoyado, frío, mudo, ansioso”.

    La historia de Puerto Resistencia será aquella urdimbre tejida de múltiples historias, cuentos y escritos por los jóvenes que enfrentaron a la Policía y aquellos viejos que desafiaron gases y garrotazos. Rusbel Caminante se sintió derrotado por el dolor de muertos, heridos y desaparecidos, pensó que “un sentimiento tan individual como es el de la separación de un ser querido se convirtió de pronto, desde las primeras semanas, mezclado a aquel miedo, en el sufrimiento principal de todo un pueblo”.

      Rusbel Caminante, en medio de la soledad de su escritorio, comprendió a aquellos miles de jóvenes ignorados por el gobierno y también por compañeros de edad. Mientras ellos volvían a la calle arropados por los toques de queda y las balas, aquellos compañeros seguían cómodos en casa. Indiferencia penetrante, como dice Camus que “Uno en efecto hablaba desde el fondo de largas horas pasadas rumiando el sufrimiento, y la imagen que quería comunicar estaba cocida al fuego lento de la espera y de la pasión”.

    Corta historia nacida en largos minutos desapacibles y doloridos durante la ofensiva del Esmad, pensó Rusbel Caminante, extensos como los 93 años que pasaron entre la muerte de Baudelaire y Camus. El libro Las flores del mal recoge los 151 poemas escritos por Baudelaire desde 1840, pero que la censura francesa solo permitió publicarlo en 1949.

       Rusbel Caminante finalizó la historia que pensó: “Me parece a veces que mi sangre corre a raudales, / Cual una fuente con rítmicos sollozos. /La escucho bien que corre con un prolongado murmullo/. Pero, me palpo en vano para encontrar la herida”. Baudelaire, página 165.

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