Asesor de imagen

27 de julio de 20210 COMENTARIOS AQUÍ

Texto de Lisandro Duque Naranjo

Me pido ser el asesor de imagen del Centro Democrático (CD). Al comienzo incurriré en léxico extraño, pues he sido hincha del paro, pero eso se pasa. Ya que apareció la foto de una femme fatale del partido posando con una pistola, podemos reforzar los vínculos entrañables entre lo glamuroso y lo bélico. Ese ícono aguanta para una carátula de música norteña, de Silvestre Dangond y hasta de Juanes, para ganarle pueblo a esa estética urgente, pues ya tenemos encima las elecciones. La modelo es ideal: Jennifer Arias, presidenta de la Cámara de Representantes. Faltó apenas su séquito de pilotos con gafas Ray-Ban, de esos que cubren rutas humanitarias y electorados del CD. Sobre todo ahora, cuando empieza la campaña, hay que mostrarle a la gente que nuestros vuelos son rotativos, para optimizarlos en un proyecto de emprendimiento: unos viajes se dedican a visitar adeptos para nuestro discurso y otros para distribuir tapabocas en lugares remotos. Una especie de pico y placa. Cuando se posicione el nuevo espíritu, Jennifer aparecerá con la Cabal y Christian Garcés, disparándole con sendos fierros al mamertismo nacional. Andrés Escobar iría de extra, que deje ya de piscinear en Miami. Sugiero algo subliminal: añadirle el pedazo de pizza que defendió a muerte la heroína de la Feria Buró, a manera de apoteosis de la empresa privada.

  Hay que golpear la obsesión de la pobrería por las ollas comunitarias. ¡Habiendo tantas pizzerías por todas partes! Felizmente, nuestra policía, en Cali, consciente de que la pizza con rúgula y salami —e incluso la anacrónica hawaiana— es un factor de cohesión social, les desbarató a bala y gases el sancocho —que intentaban hacer pasar por “sancocho nacional”— a centenares de autodenominadas madres y comensales, de vandálicos vendedores de mazorcas, algodones de azúcar y cantaoras de alabaos. A pesar del saldo de policías heridos, lograron incautar un arsenal de 400 cascos plásticos y 5.000 gafas. Al proveedor de esos insumos de guerra, Gustavo Bolívar, ya empezamos a escarmentarlo y habrá que organizarle un buen alijo de escudos para neutralizarlo del todo. Todo eso funciona publicitariamente.

  Debemos también saludar la prelación a los viajeros locales para que tengan acceso al aeropuerto y puedan viajar a Haití, y si las millas alcanzan, hasta Yemen o a donde sea, para dictar talleres de democracia. No importa que algunos estén bajo jurisdicción de la JEP. A quienes hicieron ese viaje hay que rescatarlos de la infamia de seguir presos. Sus pobres familias... Los doctores Granados y Lombana, de nuestra primera línea jurídica, ya están en eso y se debe divulgar. En cuanto a los terratenientes autodenominados misaks, hizo bien Luis Ernesto Gómez, secretario de Gobierno de Bogotá, en impedir que llegaran a pie al aeropuerto a recibir a la CIDH. Aquí nos bastamos con nuestra jurisprudencia.

  Al presidente Duque hay que exaltarle su paciencia del santo Job, pues ha sido un desvelado visitante, desde que sale la luna hasta que aparezca el sol, de nuestros copartidarios en Ciudad Jardín, en Cali, llevándoles rodillos y tarros de pintura gris para ennoblecer la ciudad. Esos son verdaderos viajes relámpago, y no apenas por los truenos que rompen la noche, en estos días lluviosos. Además, lo hizo muy bien en el madrugón que le hizo pegar al Congreso el 20 de julio.

 

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