El aplauso celebratorio de congresistas

27 de julio de 20210 COMENTARIOS AQUÍ

 Texto de Diego Jaramillo salgado

Las movilizaciones de los últimos tres meses dejaron la sensación, en buena parte de la opinión pública y de la población, que algo cambiaría en las direcciones políticas y en el gobierno. La lucha contra la desigualdad, la corrupción, la falta de ofertas de trabajo, la pobreza, la miseria, la criminalización de la protesta social, el desprestigio de los partidos y de la forma de hacer política, la función sanguinaria del Esmad, el incumplimiento de los acuerdos de la Habana, hacían pensar en que algo afectaría a quienes tienen responsabilidad en ello. Los mea culpa de muchos, las propuestas fragmentarias de otros, la necesidad de un cambio estructural de no pocos, producían la idea de que, al menos por interés, políticos y gobernantes, se preocuparían por resolver parte de esos problemas. Una justificación motivaba parte de esta ilusión: la cercanía de las próximas elecciones. Pues el remezón social planteaba una alerta de posibles dificultades para proseguir en los puestos de poder que hoy acreditan.

    Lo visto el pasado 20 de julio demuestra que el congreso y el gobierno se burlan de la movilización social, como lo hacen en cualquier carnaval. Pintaron un país cuya pintura se riega en los rostros de su estupidez. Ni siquiera las deficientes calificaciones de organismos económicos internacionales, ni las declaraciones de quienes hacen seguimiento a los Derechos Humanos a nivel mundial condenando al país, ni las estadísticas de pobreza, miseria, desempleo, ni la exportación de mercenarios, pasaron a sus ojos para poner los pies en la tierra. Al contrario, los hicieron a un lado para almibarar la situación y no dejar resquicios de duda de que no sienten moverse en piso fangoso para garantizar su triunfo en las elecciones venideras. El aplauso a rabiar de unos y otros mostró la unidad de las élites y las clases dominantes cuando algo estorba su camino. La astucia para sacar a un candidato a la vicepresidencia del senado de la Colombia Humana, no dejo duda de este propósito. Tampoco de su capacidad de dividir a la izquierda y la oposición. Sabían que no podían permitir procesos tendientes a establecer consensos para marchar juntos a las elecciones al congreso y a la presidencia. Lo lograron evitando que esa candidatura prosperara. No sólo eso, creando un distanciamiento entre sí con uno de los grupos fuertes que, complementado con las divisiones anteriores, marcan un incierto panorama para el proceso electoral en curso. Pues, es claro, si no hay señales de acercamientos, privilegiando lo que unifica, la izquierda y la oposición perderán un momento único en la historia política de acceder mayoritariamente a la presidencia de la república y al congreso.

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