Nuevo Liberalismo, el renacido

13 de agosto de 20210 COMENTARIOS AQUÍ

Texto de  Alberto Ramos Garbiras (*)

   Luís Carlos Galán, figura como uno de los 6 líderes más importantes del liberalismo en toda la historia de Colombia, desde la fundación en diciembre de 1819 (Congreso de Angustura con una Ley Fundamental, ratificada en la Constitución de Cúcuta de 1821), hasta este año 2021. Esos seis líderes del liberalismo, en mi criterio son: Simón Bolívar, Murillo Toro, Rafael Uribe Uribe, López Pumarejo, Jorge Eliécer Gaitán, y Luís Carlos Galán. Alguien podrá objetar de esta lista a Simón Bolívar, si cree en la falsa versión de que él fundó el partido conservador: además no fundó a ninguno de los dos. El fundó un Estado republicano y los partidos son subsistemas que fueron apareciendo primero con adhesiones alrededor de las ideas de los forjadores del Estado.

   Simón Bolívar, como heredero de la Ilustración, contractualista y seguidor de los jacobinos franceses adoptó todo el ideario del liberalismo prístino de la revolución francesa,  fue partidario de todas las libertades, luchó contra la Monarquía borbónica y la derrotó; fundó el Estado, y se aplicó al desarrollo constitucional; continuó con la guerra hacia el sur (Ecuador y Perú) para que aflorara un derecho autónomo, y evitar alterarán el triunfo los españoles regresando a tomarse el poder como lo hizo Pablo Morillo en 1815 después de estar preso el Rey durante 6 años. Bolívar edificó las instituciones republicanas, cómo va ser conservador quien transformó La Colonia producto de la invasión española, en República naciente e independiente. Esa mentira hay que revisarla y agotar el debate. El Conservador era Francisco de Paula Santander. A tal punto que los Santanderistas acérrimos y fanáticos, en su gobierno como titular (1832/1836), después de la muerte del Libertador; durante el Gobierno siguiente, del bolivariano Ignacio De Márquez 1836/1840 los adversarios (Tomás Cipriano Mosquera, José Hilario López y José María Obando), se van a volver después liberales reformadores, de la mitad de siglo XIX, enfrentados a los conservadores. Esto lo hicieron antes de que se conformará el liberalismo radical dimanado de la Constitución de Rionegro y orientado por Murillo Toro.

   Aclarado mi punto de vista sobre Simón Bolívar, quien inspiró al liberalismo y a los liberales en Colombia, sobre los otros cinco líderes no hay ninguna duda, ni mancha histórica: Excepto toda la bazofia que destilaron los miembros de La Regeneración Nuñista contra Rafael Uribe Uribe, a tal punto que en alianza con miembros de la iglesia católica, después de vituperarlo al extremo tuvo que escribir un libro titulado, “El liberalismo no es pecado”, para defenderse de esos dicterios, que al final movieron el ánimo a los fanáticos que lo asesinaron a punta de hachazos en la plaza de Bolívar. A Rafael Uribe Uribe, le tocó participar en tres guerras civiles (1885, 1895 y la de los mil días), contra los que destrozaron al partido liberal porque fundaron el Partido Nacional para desmoronar los gobiernos del Olimpo Radical.

    Tres de esos 6 líderes han sido asesinados por intentar impedir la debacle del partido liberal (Uribe Uribe, Gaitán y Galán), y Bolívar fue prácticamente objeto de un asesinato moral que lo condujo al agravamiento de la enfermedad que padecía. A Gaitán y a Galán, los otros sectores del mismo partido liberal los dejaron solos, les incumplieron y se acomodaron con fórmulas bipartidistas, que ya había padecido Rafael Uribe Uribe, ante el aparecimiento del Partido Nacional conformado por liberales y conservadores, a la manera de un Frente Nacional, decimonónico. A Jorge Eliécer Gaitán, desde 1946 comenzaron a exterminarle los líderes gaitanistas en los municipios, lo atacaron ferozmente, emplearon una parte de la fuerza pública como policía política, para sembrar miedo en las bases electorales, denigraron de su figura y su ideario. Laureano Gómez, empleó las prácticas persecutorias fascistas de la guerra civil española; Gaitán en su discurso de la marcha del silencio lo dejó entrever, y luego lo asesinaron.

   Luís Carlos Galán, se retiró del partido liberal en 1979 para fundar el nuevo liberalismo, estaba inconforme con las desviaciones de ese partido político, con la deformación de la ideología política, con las actitudes de corrupción ya crónicas protagonizadas durante el Frente-Nacional (1958/ 1974), con los retorcimientos de los gobiernos de López Michelsen (1974/78) y Turbay Ayala, que empezó el mandato en agosto de 1978. Se enfrentó a López Michelsen, quería ser reelegido,  en las elecciones de 1982, y Galán volvió a aspirar en la campaña de 1986 compitiendo con Virgilio Barco y Álvaro Gómez Hurtado. Las plataformas programáticas de Galán lo mostraron como un reformador y moralizador, un conocedor del aparato estatal y un modernizador, se enfrentó a los sectores políticos que estaban amartelados y penetrados por los dineros de la mafia, estaba impulsando la renovación del liberalismo y la modernización de la administración pública, y era promotor de la extradición para combatir el narcotráfico.

   Galán, fue invitado a regresar al partido liberal para presentarse en las elecciones de 1990. Expuso como condiciones básicas la Consulta interpartidista para seleccionar al candidato y una reforma constitucional con puntos esenciales, reforma que debería ser impulsada y presentada dentro del resto del período, del Gobierno Barco Vargas. Aceptó y retiró la personería jurídica en diciembre 1988.   

     La reforma que solicitó fue truncada por los malabares y arreglos aviesos de liberales corruptos en el Congreso, fue escamoteada y trampeada por el comportamiento connivente de algunos liberales con los mafiosos. Y la consulta comenzó a ventilarse, pero fue impedida con su asesinato, ordenado por la mafia del narcotráfico en connivencia con un sector del partido liberal. Se vinculó a uno de los jefes, aspirante a la presidencia y concursante en la consulta, Alberto Santofimio, a la investigación penal, como instigador del crimen. El magnicidio (por desprotección del Estado con la venalidad de agentes del DAS), se completó con el genocidio de varios integrantes del nuevo liberalismo. O sea, le incumplieron a Galán, lo traicionaron y frenaron los cambios que él exigió para aceptar retirar la personería jurídica del partido que había fundado. Como desprotegieron a los miembros de la Unión Patriótica UP que fueron eliminados sistemáticamente para impedir que un partido de izquierda accediera a más alcaldías, a cuerpos colegiados donde ya estaban elegidos y sacarlos de la competencia por la presidencia de la República.

    El Consejo Nacional Electoral CNE, negó en tres ocasiones la reaparición de la personería jurídica a este partido político, con la expedición de tres resoluciones en los años 2018 y 2019,  argumentando que el Acuerdo de Paz de la Habana donde se abría la participación política a los afectados por las violencias cruzadas, NO se había implementado integralmente, desconociendo que, “la expedición del Acto Legislativo 01 del 2016,  buscaba, justamente, la creación de herramientas para asegurar la implementación y desarrollo normativo de lo pactado”. Al CNE le faltó contemplar que la falta de implementación integral no le resta validez al Acuerdo Final, firmado como Acuerdo Especial, ligado a la Convención de Viena (1963), artículo 3,  y concordante con el Convenio de Ginebra de 1949, por lo tanto fue un acto jurídico internacional, y aunque no ingresó vía bloque de constitucionalidad(artículo 93 de la Constitución), tiene validez internacional, porque se produjo para cumplir con el preámbulo, el artículo 22 y el principio segundo fundamental, sobre los fines del Estado, entre ellos: Asegurar la convivencia pacífica. Sin la PAZ no funciona la República, y de contera no funciona la Democracia.

   En cambio, la Corte Constitucional al acceder a las pretensiones de la Tutela reconoció el defecto fáctico cometido por el Consejo de Estado, “… señaló que los hechos que fueron analizados y evaluados permitían concluir que en la decisión del Consejo de Estado sí se configuraba el “defecto de violación directa del derecho fundamental a fundar o constituir partidos políticos, sin limitación alguna, formar parte de ellos y difundir sus ideas y programas en los términos de los artículos 1, 3, 40 numeral 3, 107 y 108 de la Constitución, lo mismo que los principios y reglas del Estado social y democrático de derecho de los accionantes”. La Corte Constitucional, dentro de la sentencia de tutela número SU- 257 del año 2021, anula las tres Resoluciones del Consejo Nacional Electoral que negaban el renacimiento del Nuevo Liberalismo, y deja sin valor la sentencia del Consejo de Estado del año 2019,  que también la negaba. Creo que el artículo 107 de la Constitución en su inciso primero, reformado con un acto legislativo del año 2009, no fue interpretado bien por el CNE, ni por el Consejo de Estado, porque allí no solo se autoriza a fundar partidos políticos, sino también a organizar y desarrollar, y de eso se trata al renacer, porque está contemplado el retirarse y este es un volver, por las causas y razones expuestas en la demanda de tutela.

   El nombre Nuevo Liberalismo era apropiado en 1979 para diferenciarse del liberalismo, ya viejo, fundado estatutariamente en 1849, y deteriorado por las prácticas de consocio que adoptó al lado del conservatismo durante los 16 años de desideologización dentro del frentenacionalismo (1958/1974) y en el postfrente bipartidista. El Nuevo Liberalismo se posicionó durante esos 9 años de agitación política. Pero hoy, 32 años después del asesinato del líder y de dispersión de todas las huestes, ocurrió que desde 1990 la palabra neoliberalismo pasó a calificar una corriente económica de privatización de servicios públicos, de derechos sociales y de empoderamiento de sectores enclavados en el Estado manejando los intereses empresariales anclados en la conducción del Estado, con escasa regulación y poca intervención estatal, por la tendencia de dejar al mercado marcar el ritmo de la economía.

   La palabra neoliberalismo se desprestigió en toda América Latina y es objeto de las más duras críticas y combates para poder modernizar el Estado y volver hacia el Estado-interventor, facilitando el ascenso o movilidad de sectores subalternos empobrecidos. Entonces la similitud del nombre es un factor adverso en este momento y, de pronto un INRI. Las generaciones anteriores a 1990 saben el significado y el valor del Nuevo Liberalismo, pero las generaciones después de esa fecha se van a confundir y esto amerita un arduo trabajo de diferenciación y reingeniería: Remasterizar el partido y construir una plataforma programática sincronizada con la realidad actual. De lo contrario, el uso del mismo nombre sin un aditivo es un elemento que frenará adhesiones. La Corte Constitucional dentro de la Sentencia SU- 257 del año 2021, ordena que se adecue el nombre y el símbolo, no determinó la razón, solo invocó el artículo 5 de la Ley 130 de 1994, entonces podrían los cuadros dirigentes de este partido renacido, acudir a una denominación suplementaria, como lo expresa el inciso 4 de ese artículo, para evitar la confusión que tendrá el uso de la original denominación, cuando no era un estigma. Paradójicamente César Gaviria que usufructuó la imagen de Galán al recibir el guiño de su hijo, en agosto de 1989, fue el que abrió las puertas al neoliberalismo en Colombia. Y hoy es percibido como el enterrador del Partido Liberal.

    El regreso del Nuevo Liberalismo es importante para la Democracia colombiana, hace falta un partido político despintado del bipartidismo camuflado que aparece en casi todos los partidos después del año 2002, por lo tanto, debe renovar la acción política y que no sea nicho de los reacomodos tradicionales ni los camuflajes crónicos. Y que, de cara a la ampliación de la Democracia, necesaria para salir de este desmoronamiento institucional, sirva para reconducir las políticas públicas enmarcadas en la realización de los derechos sociales. La Coalición de la Esperanza, eje del centro político, está encaminada a una consulta interpartidista a realizarse en marzo del año 2022, con varios candidatos que buscan la unión alrededor del ganador de esta consulta. Están,  Juan Manuel Galán, que tiene terreno ganado por su comportamiento como senador, este hijo mayor del inmolado líder, se fortalecerá con la recuperación de la personería jurídica al Nuevo Liberalismo donde llegará mucha gente del centro político, dispersos en otros partidos, o carentes de una opción atractiva para hacer política. Humberto De la Calle y sectores aún decentes del liberalismo; está también la Alianza Verde, atomizada por competencias internas; al lado de En Marcha, con Juan Fernando Cristo y los santistas que defienden el proceso de paz; Dignidad, un partido nuevo que lidera Jorge Enrique Robledo, presidido por Juan Manuel Ospina, e integrado por muchos líderes regionales como Michel Maya; Compromiso Ciudadano, el movimiento político que ha impulsado siempre el nombre de Sergio Fajardo, y otras formaciones políticas que están construyendo el centro político para intentar despolarizar a la nación enzarzada entre personalismos, odios, y acciones nefastas que llevaron a la convulsión nacional.

   Yolima Espinosa, fue dirigente del Nuevo Liberalismo, exrepresentante a la Cámara y exconcejal de Cali, ella dijo ante la decisión de la Corte Constitucional,  “Pienso que se reivindica la memoria de Luis Carlos Galán, que sin duda es uno de los líderes más importantes que ha tenido este país, fue vilmente asesinado. Si los herederos de Galán al tomar estas banderas se constituyen realmente en una oportunidad para llevar a Colombia los postulados por los que él y quienes estuvimos a su lado trabajamos para tener un país incluyente y buscar acabar con la corrupción, la desigualdad y demás flagelos que lejos de desaparecer hoy están más enquistados que nunca, entonces valdrá la pena este resurgimiento. Es necesario interpretar el momento que está viviendo Colombia y tanto para las elecciones del Congreso y para la presidencial dejar de lado el ego y los personalismos y unirse con sectores afines que logren llegar al poder para hacer los cambios por la vía institucional que es lo que requerimos. Llamar a los jóvenes que están pidiendo un cambio para poder tener las oportunidades que se les han negado, acrecentadas ahora por esta pandemia. Así no serán carne de cañón de la subversión y de los violentos. Y también a los grupos minoritarios y excluidos hay que recogerlos. Ojalá estén pensando de esta forma que considero la que de verdad interpreta a Luis Carlos Galán”.

(*) Magíster en Ciencia Política (Universidad Javeriana); PhD en Política Latinoamericana, Universidad Nacional de Madrid (UNED- España); ha sido profesor de la cátedra: derecho internacional, en la Universidad Libre; y en   la Universidad Santiago de Cali (USC),  profesor de derecho ambiental. También, profesor de la cátedra: derechos humanos. 

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