Capitulo IV: Silla Ganadera Marca Charry

13 de septiembre de 20210 COMENTARIOS AQUÍ

LOS VAQUEROS (SERIE)

Texto de Gustavo Noreña Jiménez

Esta silla  la fabricaba en Sevilla, el señor Luis Charry, más conocido como “El camarada Charry”, en una de las mejores talabarterías de la localidad, ubicada en los alrededores de la Federación de Cafeteros,  y quien llegó a este pueblo proveniente de Natagaima,  Tolima,  donde dicen que perteneció al movimiento agrario organizado en Autodefensas Campesinas y que tuvo sus  diferencias ideológicas  con los comisarios políticos, porque su ideario ya estaba influenciado por el sol rojo de China, y cuando conversaba con algún amigo, le decía: “Una república de Oriente  gobernará el mundo”. Este hombre fue un visionario, fue un oráculo. Y como una paradoja de la vida, este hombre que no creía en la línea política revisionista de Nikita Krushev, el presidente de la Unión Soviética, la figura corporal de don Luis, se parecía a la de aquel. “Al que no quiere caldo, se le dan dos tazas”, decía Charry. Un amigo del magisterio me dijo que “El camarada” tenía en su nochero como libros de cabecera que orientaban su vida: El Manifiesto Comunista y el Antidṻhring del autor Federico Engels, el cual dominaba de cabo a rabo, y era una crítica al pensamiento en política, filosofía y ciencia del profesor alemán Karl Eugen Dṻhring, y por eso, no era raro escucharle citas de ese libro: “Cuando sea posible hablar de libertad, el Estado como tal dejará de existir”; “Un pueblo que oprime a otro pueblo no puede ser libre”. El “profe” del magisterio un día le hizo un comentario.

―Camarada, usted tiene un amplio conocimiento del Marxismo

―Soy un teórico del Marxismo. Con el Manifiesto Comunista y el Antidṻhring, sé más Marxismo que muchos intelectuales que se dan ínfulas de tales y que andan para arriba y para abajo, con varios libros bajo el brazo por la Calle Real, descrestando incautos, pensando que van a asimilar por osmosis los planteamientos sobre Materialismo Histórico y Dialectico.

También cuenta el profesor del magisterio  que don Luis, tenía una pasión por el ajedrez y no había en Sevilla ajedrecista que por muy bueno, fuera capaz de ganarle más de una vez, fueron muchos  los “tableros” sevillanos que cayeron bajo  el poder de su artillería, incluso Jader Buitrago, que era un especialista en la Defensa Francesa, con quien sostuvo fieros combates en un rincón especial para ajedrecistas que había en la Cafetería El Polo, lugar donde se reunía la intelectualidad sevillana de aquellas calendas para conversar acerca de lo divino y lo humano; en ese lugar no era raro escuchar conferencias sobre astronomía, física cuántica, viajes a la Luna, Marte y todo el espacio sideral; aquellos contertulios eran unos adelantados para su época, eran unos visionarios.

Cuando algún cliente le apuraba por su trabajo, decía: “Esto es un arte hecho a mano que no se puede hacer en serie porque pierde calidad y tiene una esencia importante en personalizar las sillas y hacerlas al gusto del cliente, así que no afane”. No había una hacienda ganadera y vaquero bien montado que no tuviera en sus pertenencias una silla hecha por el artesano Charry, hasta el punto que cuando alguien le compraba una silla, decía: "El que compre una montura artesanal “Charry”, ojalá que tenga heredero, pues le va a durar toda la vida”

CONTINUARÁ…

CAPITULO V:     ABEL BARRERA, SÍMBOLO DEL VAQUERO SEVILLANO


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