Los Vaqueros (Serie), CAPITULO III

3 de septiembre de 20210 COMENTARIOS AQUÍ

 DON ZABULÓN SABOGAL, El Señor de La Astelia

Texto de Gustavo Noreña Jiménez

En la zona de La Astelia, en Sevilla, Valle del Cauca, Don Zabulón Sabogal fue un gran empresario que tuvo unas tierras muy productivas con el criterio de la gran Hacienda, donde hubo cultivos de café, maíz, yuca y plátano; un trapiche panelero en La Astelia y otro en Combia, que dispersaron por toda la región el rico olor del guarapo de caña, como un anuncio de la excelente calidad de la panela que allí se producía;  también había una ladrillera, un tejar, y mucho ganado de carne y leche, donde se llegó a ordeñar trescientas vacas.  Había muchos trabajadores, alrededor de cuatrocientos. Tanta gente laboró en esas tierras, que se fundó un pueblo, un templo católico e Inspección de Policía. Don Gilberto Gil, como Inspector de Policía, impuso la ley en la comarca, como una especie de Alguacil del Viejo Oeste Americano, solo faltó que en su camisa colgara la estrella de Sheriff y que hubiese colocado un aviso en la pared de “Se busca vivo o muerto”, como en cualquier pueblo salvaje de Texas, donde se persiguieron a grandes pistoleros como Jesse James, Billy the Kid, y otros. Hubo una gran fonda donde se vendían comestibles, se compraba y se vendía café, medicinas, zapatos, ropa, ferretería, y no podía faltar la cerveza y el aguardiente. Allí llegaban los parroquianos a comprar sus mercados y a beber licor.  La gente llegaba a pie o a caballo, si era a caballo, había un barandal donde amarrar la bestia. No era raro ver por allí a bandidos que eran muy diestros con el revólver y andaban al servicio de un grupo político en actividades “non sanctas” de cobro de vacuna, intimidando gente o liquidándolas. Estos hombres outlaw o fuera de la justicia, se pavoneaban   como Pedro por su casa, una veces estaban en La Astelia en sus briosos caballos y después de tomar aguardiente, subían de un solo brinco a su caballo, y se iban de rumba para San Pablo, o a los bailaderos de La Paila, que quedaban al lado del río,  donde las aguas cantarinas arrullaban el oído de los asistentes; o en La Alsacia, la cual quedaba más adelante de la Hacienda La Granada; La Alsacia, era un sitio muy frecuentado por los sevillanos según Juan Martin Carvajal, quien en su libro, “Sevillano: Si algún día vas a La Cascada y otros relatos”, dice: “En Alsacia paran todos los choferes. Es obligatoria la parada de los sevillanos cuando van a Uribe o a Bugalagrande a esperar el tren. Allí se detienen a tomar café o a comer chorizo. También a respirar un poco y a sacudir el polvo del camino”. Esos carros más bien parecían una diligencia de la Wells Fargo atravesando el desierto de Sonora en Arizona, pues la carretera no estaba pavimentada, y cuando pasaba un carro dejaba un chorro de polvo, el cual lentamente iba cayendo sobre árboles, potreros y gentes, dejando a su paso un paisaje similar al que encontraron los astronautas americanos en su primer viaje a la Luna. Allí en ese sitio mataron a uno de los hombres más buscados por los Alguaciles criollos, al muerto lo llamaban “Chispas”.

Hoy   los nuevos ricos con la fuerza de su dinero fueron tumbando las casas en La Astelia, y corrieron a la gente que había vivido allí por toda la vida, hasta el templo católico fue derruido, dicen que hasta el Espíritu Santo salió huyendo por caminos hasta encontrar refugio en el templo San Luis Gonzaga, hoy convertido en Basílica Menor; de esa acción depredadora sólo logró sobrevivir la escuela Zabulón Sabogal como un recuerdo imperecedero de quien fue un hombre de empresa.

Continuará…

Próximo capítulo IV:    Silla ganadera marca Charry

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